Yo también #quieroMiSemáforo

Estimado Joan Ribó,

Quiero mi semáforo. En serio. Y me voy a enfadar mucho si el día 3 de diciembre no se popularizan en Valencia algunos pasos de peatones para la integración en los que aparezcan el símbolo de la silla de ruedas. Porque yo, hasta hace un par de días me sentía identificado con una silueta verde que parecía caminar, aunque yo no lo pueda hacer. Pero ahora, después del despliegue de los semáforos paritarios, para mí ese símbolo ha dejado de significar “persona” y ha pasado a ser “hombre con la capacidad de caminar”.

Los humanos, aunque no lo parezca, somos listos y sabemos contextualizar los símbolos. ¿O acaso crees, Joan, que la humanidad está esperando un par de números a derecha e izquierda de la bandera de Cruz Roja para resolver una suma? Sabemos que esas siluetas humanas tienen distintos significados dependiendo de si están en rojo en un semáforo o en la puerta de un baño. Querer dotar de sexo a algunos símbolos va a provocar que ahora tengamos que pensar dos veces antes de evacuar un local por una salida de emergencia, no vaya a ser que algunas sean solo para hombres.

¿Y por qué pido un semáforo ensillado y no la retirada de los paritarios? Porque estos sí tendrían sentido si se les dota de algo más. Por ejemplo:

  • señalar un itinerario accesible, dando así la seguridad a una persona discapacitada de que no se va a encontrar barreras arquitectónicas cuando llegue al otro lado
  • indicar que el tiempo del semáforo en verde es superior al habitual, quitándonos el estrés que nos supone a algunos de nosotros el cruzar una calle con el tiempo justo

Eso sí: a estos va a ser jodido ponerles falda ;)

A un restaurante, ¿vamos a comer o a mear?

Tengo dudas, la verdad. Es que, cuando haces una reserva en un restaurante y dices que vas en silla de ruedas, de lo que suele preocuparse la gente es de si hay barreras arquitectónicas que impidan la entrada al local o que el baño sea accesible o adaptado (y, a ser posible, que no se haya convertido en un almacen o cuarto de la limpieza). Y sí. Es cierto. Si voy a un bar o restaurante quiero entrar en él y, posiblemente, utilizar el excusado. Pero sobretodo a lo que pretendo es comer y beber, y a ser posible de la manera más cómoda posible.

Recuerdo cuando vinieron a hacer la inspección del local donde trabajo. Obligaron a hacer un baño adaptado y comprobaron que la entrada fuera suficientemente ancha y sin escalones. Correcto, pero… ¿alguien ha comprobado la altura de las mesas de trabajo? No. Y parece que en bares y restaurantes tampoco se tiene en cuenta esto. Son muchas las veces que he tenido que bajar los pies al suelo porque el espacio bajo la mesa no era suficientemente alto. Incluso me he visto obligado, en ocasiones, a comer de medio lado porque era imposible entrar debido a que el espacio entre las patas era demasiado estrecho.

Algo similar ocurre con las barras de los bares. Ya no hablo de su altura, que en ocasiones es exageradamente alta, sino que no se tiene en cuenta que nosotros siempre vamos con los pies por delante. Esto hace que cuando llegamos para pedir un café, la bara nos quede muy lejos.

Como suelo decir, en muchas ocasiones bastaríaque los responsables de los establecimientos los disfrutaran un día sentados para identificar todas las mejoras que podrían llevarse a cabo.

Hablando de la cabalgata de Madrid…

Si no has visto la foto de los Reyes Magos llegando a Madrid y no ha llegado a tus oídos, WhatsApp o Twitter una crítica a su vestimenta, probablemente estés desconectado de este mundo. Y eso, por no hablar de las polémicas por la inclusión de una mujer entre Sus Majestades, la recuperación de los personajes de una obra de teatro de Gloria Fuertes… Los informativos y periódicos nos traían, día sí y día también, la última ocurrencia novedad sobre el tema. A veces me pregunto cuál es la razón de ser de los horarios de protección infantil, pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

El caso es que esta mañana me he visto envuelto en una discusión bastante surrealista al hilo de una información que se me había pasado por alto. Resulta que Manuela Carmena, según algunos titulares, había decidido sustituir las gradas desde las que algunos VIPs disfrutaban de la cabalgata por plazas reservadas para discapacitados (de ahora en adelante, retrones). Nada menos que 1800. Como titular, mola mucho. Pero cuando uno se pone a pensar un poco y a cruzar artículos de diferentes medios (maldito pensamiento crítico, ¿verdad?) se da cuenta de que un titular así es absolutamente engañoso.

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Por lógica aplastante, las plazas para 1800 VIPs no pueden ser para retrones, a no ser el Ayuntamiento instale una pluma para ir subiendo las diferentes sillas de ruedas a sus lugares correspondientes. Y eso suponiendo (que es mucho suponer) que una silla de ruedas ocupe el mismo espacio que un asiento de grada. Por lo tanto, una vez descartada la idea de que 1800 retrones, o 900 + sus acompañantes, iban a tener su espacio para disfrutar del espectáculo, llega la pregunta que todo el mundo debería hacerse: ¿cuántas plazas reservadas a retrones se pusieron a disposición?

La respuesta está en el artículo que comenzó el animado debate que mantuve en Twitter. Fueron 220 en total, o 110 + acompañantes, según un acuerdo al que llegaron Famma y el consistorio madrileño. Después de leer varios artículos, he concluido que la famosa grada de 1800 se convirtió en 36 plazas para retrones + 354 para personas con riesgo de exclusión social. Además, en torno a 700 invitaciones son enviadas a patrocinadores y colaboradores del evento.

Llegados a este punto, uno se pregunta: ¿son suficientes 110 plazas para retrones en la cabalgata grande de la ciudad de Madrid? Es indiscutible que es necesario habilitar zonas. Tan solo tienes que imaginar que estás sentado entre la muchedumbre que se lanza a la calle ese día, y sumarle la difícil movilidad o las ansias de niños y abuelos por coger caramelos. La cuestión es: ¿cuál debería ser el número mínimo reservado para un evento del que es tan complejo calcular el aforo?

No seré yo quién en le ponga el cascabel al gato…

La elección de ser feliz

Comparto muchas de las afirmaciones que Sam Berns hace en ese vídeo. Yo no tengo progeria, pero sí otra discapacidad que provoca que sea diferente a la mayoría de la gente. Sam explica una anécdota que tuvo lugar mientras rodaban un documental sobre su vida. El entrevistador le preguntó qué debería saber la gente sobre él. Su respuesta fue genial:

Que soy muy feliz

En apariencia puede que algunos dicapacitados no seamos similares a la mayoría, pero compartimos el mismo mundo y, por lo tanto, las mismas preocupaciones: pagar el alquiler, sacar adelante el trabajo, estar pendientes de la última lesión de Messi (o Cristiano)… A ojos extraños puede parecer que estamos siempre pensando en nuestras limitaciones o en todo aquello que no podemos hacer, cuando en realidad suele ocurrir al contrario. Como bien explica Sam en el vídeo, una vez se acepta la situación, lo que no puedes realizar se aparca y te centras en todo aquello de lo que eres capaz, o en aplicar el ingenio y la creatividad en objetivos que quieres llegar a conseguir.

En definitiva, y como se suele decir en mi círculo, sacarte la silla de ruedas de la cabeza para ponerla donde debe ir: debajo del culo.

¿Te acercas?

Hace muchos años, mientras estaba mirando escaparates en un centro comercial de Sabadell, se me acercó un chavalín de unos 6 años y me preguntó:

¿Qué te ha pasado?

A los dos segundos estaba allí un adulto (¿su padre?) dándole una reprimenda al chiquillo diciéndole que no molestase al señor. Imagino que le fusilé con la mirada por lo de señor, pero también porque estaba impidiendo satisfacer la curiosidad del niño. Vio a un tipo circular con una silla de ruedas, debió pensar que eso no era normal y decidió acercarse a preguntar.

Siempre he defendido que la ignorancia es la madre de la discriminación. Que se teme o nos apartamos de lo desconocido simplemente por eso: por no saber qué es ni cómo reaccionaremos ante ello. Por eso me gusta la frase final de esta campaña de sensibilización. Quien sabe… si ahora se han puesto de moda las modelos con curvas, puede que el futuro de la pasarela sea una con rampas

De momento, podemos empezar con los maniquíes ;)

El curioso concepto de la accesibilidad en Cantabria: #accesibiliCAN

Este post me lo estoy haciendo encima desde que vi que desde Turismo de Cantabria abrió una sección en su portal llamada “Cantabria accesible“. Algo positivo a priori, ¿verdad? En esta comunida existe, desde 1996, una ley sobre accesibilidad y supresión de barreras arquitectónicas. Sabiendo eso, y tras leer que “Aquí encontrarás información de todo tipo de recurso y alojamiento turístico que disponga de instalaciones adaptadas para personas con discapacidad en Cantabria” uno, iluso, espera encontrar lugares que cumplan con esos criterios que marca la ley cántabra, dado que este sitio web es el oficial dependiente del Gobierno de Cantabria. Lo dicho: un iluso.

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Filosofía “I’m possible”: Aaron Fotheringham

Si hay alguien que pueda considerarse un abanderado de la filosofía I’m possible en el mundillo de las sillas de ruedas, ese es Aaron Fotheringham. Y que conste que no me apasiona lo que hace ni lo admiro especialmente, pero no puedo negar que es un ejemplo de que las barreras que nos impiden conseguir nuestros objetivos las tenemos, en muchas ocasiones, en nuestra cabeza.

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