De “tensiones emocionales no resueltas”

Vivimos tiempos complicados. No hablo del, al parecer, sempiterno tema de la crisis sino de los cambios que están provocando Internet y las redes sociales en nuestras relaciones. Ghosting, nomofobia o el va pong son trastornos o comportamientos asociados al uso de estas nuevas tecnologías, y debemos comenzar a lidiar con ello sin saber muy bien como ponerle freno.

Algo que no sé qué nombre técnico tiene es lo que yo llamo la “tensión emocional no resuelta”. Le he puesto ese nombre por analogía a la “tensión sexual no resuelta” que existe, por ejemplo, entre aquellos amigos de toda la vida que realmente quieren tema pero nunca se han atrevido a proponerlo porque “no vaya a ser que nos carguemos nuestra amistad”. Y así pasan la vida, mirándose de reojo y emparejándose con otras personas arrastrando eternamente esa duda. Seguro que a todos nos viene algún caso de algún amigo o conocido a la mente, ¿verdad? Porque estas cosas siempre les pasan a los demás; a nosotros.

A lo que iba. En estos tiempos en los que es fácil comenzar a relacionarte con alguien que hice a vientos, sino a miles de kilómetros de distancia, a medida que pasa el tiempo y aumenta la confianza empiezan a aparecer ganas de abrazar. Se explican confidencias, se comparten éxitos y fracasos pero siempre con la red como espacio de encuentro. Y se echa de menos el contacto, aunque nunca se haya tenido.

El absurdo es pedirle consejo a nuestros mayores porque, para ellos, esta situación es, cuanto menos, surrealista. Y eso que hablamos de amistad, porque si lo extrapolamos a una relación de pareja por Internet… la cosa ya se complica bastante. Así que estamos solos a no ser que se opte por un apoyo psicológico. (Nota: mejor que sea de un profesional del sector, o de amigos del “mundo real” preferentemente).

Aunque sea muy jodido estar sin poder abrazar a esas personas con las que compartes alegrías y tristezas, lo cierto es que nos involucramos y nos tiramos de cabeza. Personas que, con su día a día, hacen que te infiltres dentro de su familia (virtualmente) y acabes queriéndolos como (si formaran) parte de tu vida.

Por ellos, y por nosotros, habrá que pedir que se avance en las técnicas de teletransportación inmediata :)

Mi por qué para usar listas en Twitter y conclusiones de #tendiendoacero y #refollowing

Hace unos meses decidí que quería empezar el año de manera ordenada. Es algo que, para mí, acostumbrado a vivir en un minicaos, va a requerir de cierto esfuerzo. Pero, oye, “impossible is nothing” que decía Adidas.

Una de las acciones que necesitaba llevar a cabo era ordenar mis seguidos en Twitter. Con el tiempo vas acumulando a mucha gente y, en ocasiones, el TimeLine se vuelve un gallinero. Para ello esta red social permite crear listas de usuarios, los sigas o no, y así poder clasificarlos por la característica que quieras. Estas listas podemos hacerlas públicas para compartirlas con todo el mundo, o privadas para uso y disfrute de uno mismo.

¿Por qué es una característica interesante?

Además de permitir que tengas la información las personas más o menos clasificada, Twitter también te permite saber las listas públicas que los usuarios han creado (sus intereses) y en qué listas han incluido a este usuario otras personas. Esta característica puede resultar muy útil ya que te permite ir tirando del hilo y encontrar perfiles interesantes que puede que hayamos pasado por alto, o que nunca hubiéramos descubierto investigando.

¿Y eso de #tendiendoacero y #refollowing?

Se me ocurrió que una buena manera de llevar el control de los perfiles que iba clasificando en listas era dejar de seguirlos (de ahí el #tendiendoacero). Hace tiempo era algo arriesgado porque ello impedía que otros usuarios te enviaran DMs (mensajes directos), pero desde hace ya varios meses es una característica que podemos habilitar a nuestro gusto.

Puse un mensaje en mi biografía de Twitter avisando de ello. Aún así, hubo personas que se sintieron molestas por el hecho que dejara de seguirlas. De otros recibí un unfollow automático y algunos comentaron públicamente que volverían a seguirme cuando volviera a hacerlo yo. Muy pocos casos en total, ciertamente.

Lo que sí me ha parecido muy interesante han sido las reacciones al #refollowing, al hecho de volver a seguir a todos los perfiles. Estas son algunas reflexiones:

  • No entiendo que algunas empresas, sobretodo cuando se dedican a la comunicación, tengan perfiles restringidos (de los que necesitas aprobar al seguidor para que vea tus tuits). ¿No les interesa que sea visible para todo el mundo lo que publican? Se me escapa la razón, de verdad.
  • Se siguen usando DMs automáticos para agradecer el follow. Y yo que creía que era una fase que ya estaba superada… Pues no. Y aunque haya casos en los que se personaliza el mensaje para dejar claro que se trata de un bot, lo cierto es que esas impersonalidades en una red social me sigue llamando la atención.
  • Hay gente majérrima en Twitter. O, por lo menos, entre la gente a la que sigo. Porque ya sabemos que no hay un solo Twitter, ¿verdad? Que mi Twitter no es el tuyo.

Y si esto va de compartir, ¿por qué no he hecho públicas mis listas?

Pues porque prefiero revisarlas bien antes de que estén disponibles para todo el mundo, aunque ya avisó que algunas seguirán siendo privadas. Porque, como dice un proverbio japonés…

Para tener éxito en la vida hay que cumplir dos cosas:

  1. No explicar nunca todo lo que sabes

Somos datos. Átomos, y datos

Es un misterio y Facebook no termina de desvelarlo. A todos nos ha pasado. De repente, un buen día, aparece en el Gente que puedes conocer la foto de una exnovia, o amigo, con los que hace años que no tienes ningún tipo de contacto. ¿Cómo sabe realmente Facebook que aquella persona puede resultar de tu interés?

Así comienza este artículo de El Confidencial y que recomiendo leer si aún crees que Facebook solo es una red social donde compartir fotos, frases de Paulo Coelho y alguna que otra indirecta a gente a la que le tienes manía. Recordemos que tenemos acceso a esa red soial desde un teléfono que llevamos en el bolsillo y que es capaz de enviar nuestra posición exacta. Un teléfono donde tenemos todos nuestros contactos (WhatsApp es propiedad de Facebook desde febrero de 2014, por si no lo sabías) y que guarda la ubicación de nuestras fotografías (por cierto: Instagram también es de Facebook). Cruzando todos esos datos, sumados a los que damos nosotros como puede ser los sitios en los que hemos trabajado, los centros educativos en los que hemos estudiado… ¿no es fácil cruzar datos y llegar a coincidencias? Por supuesto que sí.

Hace unos meses me sorprendió ver un mensaje en mi iPhone al entrar en el coche. Me decía que tardaría unos 13 minutos en llegar a casa. ¿Cómo sabe Apple que voy para allá? Pensé que es lo lógico. Día laborable, horario de cierre de oficina… Pero más curioso todavía resultó que otro día laborable me notificó que estaba a 35 minutos de casa de mi pareja. Y, ciertamente, acertó.

Nuestros patrones de comportamiento sumados a la cantidad de datos personales que damos a cambio de disfrutar ciertos servicios suponen un volumen de información brutal. La suministramos a unas empresas que, después, la venderán a los anunciantes de sus plataformas para que puedan obtener un mayor rendimiento en su publicidad.

Ya no somos sólo átomos. También datos. Y no los valoramos tanto como ellos.

Imagen: David Fincher: Portraying the social network icon, de Charis Tsevis

Después de Movember llega #dressember

Si metemos en una coctelera una chica de firmes convicciones, una causa justa y un hashtag tan acertado como atractivo, el resultado es una bomba. Estos tres elementos han hecho que dressember.org haya doblado el número de participantes y triplicara su recaudación en 2014 con respecto a 2013, primer año de la campaña. Pero… ¿qué es eso de #dressember?

Si Movember anima a los hombres a dejarse bigote durante el mes de noviembre para dar visibilidad y recaudar fondos para la lucha contra el cáncer de próstata y testicular, Dressember propone que las mujeres vistan todo ese mes con vestidos para recordarnos que miles (si no son millones) de mujeres en el mundo son víctimas del tráfico de personas y su explotación. Una iniciativa que, como indican en la web de Dressember Foundation, no deja de ser un “movimiento colaborativo que aprovecha la moda y la creatividad para devolver la dignidad a todas las mujeres”.

Dicen que los datos son fríos. Quizá sea por eso que se me pusieron los pelos de punta cuando escuché a Blythe Hill, impulsora de dressember.org, decir que 35 millones de personas están siendo esclavizadas en el mundo. El 50% niños. El 70% mujeres. Blythe siempre quiso hacer algo contra esta injusticia pero nunca encontraba a manera. Hasta que un día, por casualidad, decidió vestirse todo el es de diciembre con vestidos y a eso le llamó Dressember. Al año siguiente, algunas amigas se animaron a hacer lo mismo. Y al siguiente se sumaron amigas de sus amigas, y entonces pensó en aplicar el modelo de Movember para recaudar fondos y poder combatir el tráfico de personas y su explotación. En 2013 se juntaros 12.000 personas que recaudaron 165.000$. En 2014, 26.000 mujeres aportaron 462.000$ con la ayuda de sus donantes.

Fue Inma Ferragud quien me descubrió el año pasado esta iniciativa (así que si no sabes a quien apoyar/donar y con quien colaborar, te sugiero que le eches un vistazo a su perfil). Una causa que lamentablemente está de actualidad, casi constantemente, debido a los numerosos casos de violencia machista que se dan en España.

Además, en los últimos días he visto a mucha gente compartir el vídeo de una campaña noruega sobre violencia machista. Siento decir que los “Me gusta” no son suficientes. Debemos cambiar nuestra actitud y, si podemos, colaborar con iniciativas como esta porque, como bien dice Inma, “no involucrarse es una manera de involucrarse”.

Cuando las redes son algo más que un proyector de nosotros

Quería iniciar estos sábados sociales con algo positivo ameno, pero en un día como hoy es inevitable hablar sobre lo ocurrido anoche en París y sus consecuencias. Quería centrar la atención, concretamente, en dos etiquetas aparecidas en redes sociales con fines muy diferentes:

  • #PorteOuverte: creada en el mismo momento de los atentados por la sociedad parisina, esta etiqueta comenzó a ser usada por todas aquellas personas que, en el momento de los atentados, estuvieran en la calle y buscarán un lugar seguro donde ir. La idea era indicar que su casa tenía las puertas abiertas para acoger a todo aquel que se sintiera desprotegido.
  • #NotInMyName: esta etiqueta fue utilizada el año pasado como promoción de una campaña de Active Change Foundation con el propósito de recordar que ISIS no actúa por boca de todos los musulmanes. Ahora se ha recuperado con el mismo motivo: dejar claro al mundo que estos terroristan no atentan en su nombre.

Algo destacable también ha sido la activación de una utilidad que Facebook tiene para situaciones de emergencia. Si la red social, en el momento de los atentados, tenía constancia de que estabas en París, te lanzaba un mensaje dándote la posibilidad de decir que estás bien. Es un buen sistema para tranquilizar a familiares y amigos, ¿no crees? ;)