Recuerdo cuando, de crío, quedaba con los amigos para jugar al balón debajo de casa (privilegios de vivir en un pseudo-pueblo en la Barcelona de los 80). Utilizábamos las columnas de los edificios como límites laterales de la portería y el larguero era una línea imaginaria. «¡Alta!», gritábamos cuando la pelota, supuestamente, la sobrepasaba. Más… Continue reading