El color de la Puebla Vieja

El sol comienza a colarse por las rúas laredanas. Las piedras, con varios centenares de años en sus pupilas, observan como los locales de hostelería comienzan a sembrar la calle de terrazas al son de las campanadas que anuncian la misa de doce. La gente circula subiendo desde la Plaza de la Constitución, o llegando por la Cuesta del Infierno, bordeando la muralla medieval. Es domingo, y estamos en la Ruamayor.

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El sol espía

El sol se esconde tras el imponente ancla que preside la Plaza de los Pescadores para mirar por un agujerito todo lo que ocurre allí en las tardes de verano. Hace un momento ha podido ver cómo una equilibrista cayó al suelo mientras caminaba sobre un alambre. A pocos metros, un abuelo corre desesperado detrás de su nieta porque está empezando a coger demasiada velocidad sobre sus patines. Una pareja que pasea de la mano se sonríe divertida y en silencio se preguntan con la mirada: “¿Te imaginas a tu padre?”.

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“Aclavados”

Alguien pensó, en algún momento, que estaría bien colocar una jardinera fuera, en la pared, y plantar en ella un par de geranios que le dieran vida a ese muro de piedra gris, vieja y centenaria. O puede que de ese par de clavos colgara un cartel anunciando la proximidad de una panadería, un colmado, o la relación de platos de un menú del día. Qué sé yo… pero los imagino hace años con salud de hierro. Erguidos y musculosos a pesar de su rectitud.

Con la cabeza alta, en perpendicular a la pared, mirando a la cara a todo aquel que pasaba por la calle del Medio de la rúas laredanas desde hace… ¿20? ¿30? ¿60 años? Qué sé yo… No perdían la compostura. Día y noche, bajo tormentas de agua, nieve, granizo o jornadas de sol intenso, aguantaban estoicamente el peso de aquello que se les había encomendado. Era su cometido. Ni más, ni menos.

Un buen día alguien decidió retirar las jardineras. O quebró el negocio y llegó el momento de retirar el cartel… El hecho es que esos dos clavos se quedaron sin propósito y alguien no quiso, o no pudo, recogerlos de allí para darles un retiro digno. Juntarlos para unir el tablón de un banco a su pata, o formar parte del suelo de un hogar, o de su techo… qué sé yo. Acabar su vida realizando algo de provecho. Pero no.

Ese alguien decidió acabar con ellos de un martillazo seco, en la nuca. ¡Pam! Sin sangre. Sin lamentos. Sin un grito de dolor. Sus cabezas se volvieron hacia el suelo en un acto de sumisión a su destino: la nada más absoluta. De un golpe, acabados.

“Aclavados”

Las Batallas, con Flores

Perpetuaré tu hermosura más allá de tu muerte
unos cuantos días. Sólo unos pocos.

 

Me dolerá mirarte, de frente,
y atravesar tu corazón con un clavo
para así poder cubrir contigo,
y con cien mil como tú,
mi creación efímera.

 

Siento mucho tener que desnudarte,
desmembrarte,
y hacer de tus pétalos un plumaje
que luzca al paso de la brisa
el último viernes de agosto.

 

Es una crueldad, lo sé.
Pero una crueldad poética.
Un acto centenario para demostrar al mundo
que entre tú y yo podemos materializar la belleza.

[Otra visión de la Batalla de Flores de Laredo siguiendo este enlace]

Más info: BatallaDeFlores.net