Poseído

Hay momentos en los que un demonio perverso te domina. Te invade. Se hace con el control de tu ser y te hace perder el mando sobre tu cuerpo y tu mente, siendo extrañamente consciente de ello. Es como cuando la llamada del sexo salvaje se apodera de ti, o cuando arremetes contra un rival sin importarte las consecuencias sólo por ganar una competición.

El diablo, el mal, tu lado oscuro de la fuerza manda en esos momentos. Te saltas todas las normas y saboreas la sensación de hacerlo. Te gusta. La adrenalina te corre por las venas y tu cuerpo te pide más. No importa lo que haya que hacer si con ello se va a conseguir el objetivo, sin importar tampoco las repercusiones que ello pueda tener. Da igual.

Luego… ya está hecho. Segundos después de lograr lo que querías te quedarás viéndote en un segundo plano preguntándote por qué, qué te impulsó a ello. Mientras, la sombra demoníaca que antes moraba en ti se alejará lentamente, con una risa de satisfacción por haber realizado su trabajo a la perfección.

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marctorrano

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