No más banderitas, por favor

Josué, un gentil hombre,
dedicado a sus labores,
era enlace sindical
del gremio de los pescadores.

Convocóse una asamblea.
Asistieron ciento siete
y tan sólo había dos peces
y algún que otro manolete.

Pidió ayuda al cielo y se la dieron con creces,
y multiplicáronse los panes y los peces.

Y comió el sindicato
con los postres inclusive.
Y sobró hasta para gambas
y un buen curso en el Caribe.

Y yo en las manifestaciones con la banderita…

¡Por mi culpa! ¡Por mi culpa! ¡Por mi gran culpa!

Todo está en la Biblia (Los del Perchero)

Llegan a la Plaza de la Constitución de Laredo las marchas solidarias que han caminado un par de horas en contra de la centralización de sevicios hospitalarios. Allí estamos unos pocos, demasiado pocos, esperando a que lleguen las comitivas que, si bien dan a la plaza un aspecto de manifestación, no consiguen llena la plaza.

Yo espero arriba de las escaleras para poder fotografiar bien a la concurrencia. Me doy cuenta de que, unos escalones más abajo, está Carlos Ateca, jefe de la Junta de Personal del Hospital de Laredo dispuesto a leer un manifiesto. La gente calla y él, en pie y desde la mitad de la escalera y micro en mano, comienza con la lectura.

Pero al minuto, minuto y medio, aparecen las banderitas, las que habían acompañado la marcha, detrás del orador. Lo que hasta ese momento se había sido un acto reivindicativo, con representantes sindicales, trabajadores sanitarios y usuarios del sistema caminando juntos defendiendo una causa, se convierte en un mitin. Banderas de CCOO y CSI-F detrás del portavoz de la Junta de Personal, tapando a los que estábamos allí, arropando a esos trabajadores, a esos argumentos e ideas.

Y me vienen a la mente (malas) experiencias pasadas con enlaces sindicales, los descuentos del 10% en viajes al Caribe por ser afiliado o afiliada, la campaña electoral… y me acuerdo del ‘Todo está en la Biblia’ que encabeza este artículo.

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