Lunes de #BatallaDeFlores2013

La puerta del Hotel Florida da la bienvenida en forma de despedida. En Laredo hay quien piensa que es un farol y que 2013 no será el año del abandono de Come golayu que lo ha hechu güela, pero ellos lo han dejado muy claro desde el principio. El cartel con el horario de trabajo es un ejemplo. Otro, los nombres de las carrozas: “Florida”, en honor al nombre del hotel que les ha servido como cuartel general, y “Hasta siempre”.

Rodeo el hotel y entro al patio, donde se encuentran instalados los andamios cubiertos por plásticos verdes. Secreto. Lo que guardan esas lonas está reservado, de momento, para unos privilegiados entre los que me encuentro yo. Mi primera sorpresa es que ya se está empezando a trabajar con la flor. Pompones naranjas y amarillos nada más, cierto. Pero pensaba que empezaban a clavarlas más tarde. Primera lección nada más llegar.

El año pasado un hombre me preguntó cuántas flores llevaba la carroza. Tiré por lo bajo para no parecer engreído y le dije que unas 90.000. Me contestó: “¡Hala! ¡Exagerado!”

Me lo dijo Sergio. Y así es. Las carrozas grandes llevan entre 100.000 y 120.000 flores. Y casi todas, con su respectivo clavo que las atraviesa para poder fijarla en la figura de poliestireno. Las que no, se clavan con palillo o alfileres, o se las ‘desnuda’ para pegar sus pétalos uno a uno. ¿Te haces una idea de lo que pueden pesar todos esos clavos, junto con otras tantas flores? ¿Del tiempo que lleva cubrir la parte de una figura únicamente con pétalos? Solo de pensarlo le doy la razón a Paco Verano, carrocista, quien parafraseaba a Astérix en un vídeo rodado desde el Ayuntamiento al decir que la gente que ve la fiesta desde fuera debe pensar que “están locos estos carrocistas”.

Hay trajín de cajas con flor. Llegan desde el interior del edificio del hotel, lugar en el que una veintena de personas de todas las edades está trabajando. Allí se coge la flor de las cajas que llegan de la huerta, se les quita el tallo sobrante y se les clava la punta para después dejarla en la caja del tamaño correspondiente. Estas cajas serán las que se lleven a la zona de las carrozas donde otra parte del equipo está subida a los andamios tapizando las figuras con flor. Los demás, repartidos en otras tareas: pendientes de la flor necesaria, poniendo papel de periódico sobre las cajas de flor para que éstas sequen… es el ejemplo perfecto de cómo funciona el trabajo en equipo.

Jacinto se me acerca mientras fotografío cómo unas chicas perforan flores con puntas. “¿Has visto los bocetos de la carroza?”, me dice. Le respondo que no, y acto seguido se ofrece a traérmelos y los empieza a colgar en la pared. Sólo son unos croquis, pero uno se puede hacer a la idea de cómo quedará. Incluso un profano en la materia como yo.

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Este año no, pero en anteriores hemos hecho maquetas en pequeño de la carroza. La del año pasado creo que aún está por aquí”, me dice. “¿En serio? ¿Puedo verla?”, le respondo. Al cabo de un rato me llama y me hace pasar a una estancia en la que no hay nadie. Allí está la maqueta de ‘Berberisca‘. Los ojos vidriosos de Jacinto reflejan que lo sucedido el año anterior en la pista y sus posteriores repercusiones. La procesión todavía van por dentro.

Para estas agrupaciones la Batalla no es sólo las carrozas. La salida a pista es la culminación de una idea que se dibuja en un papel. Es el esfuerzo de los últimos meses construyendo la estructura donde irán montadas las figuras. O sembrando flores, cuidándolas y recogiéndolas (porque no toda se compra, ni mucho menos). Es la ilusión compartida de niños y adultos, las alegrías y decepciones pasadas juntos, las tensiones de esa última noche trabajando a contrarreloj…

Hoy he podido oler la Batalla, y es lunes. Y no sólo huele a flores.

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