Hay jefes y gefes

Estamos viviendo la época del buenrrollismo. No digas crisis; di oportunidad. No digas competencia; di colaboradores. Hoy he visto como un conocido que busca trabajo ha compartido una oferta de empleo a la que opta aunque con ello pueda propiciar que alguien, también necesitado de curro y con mejor perfil que él, pueda enterarse y optar al puesto. Sinceramente… este buenismo desmesurado me hace pensar, a veces, que nos estamos agilipollando.

Leía esta semana un artículo que hablaba de la muerte de los jefes y del nacimiento de los gefes, que no es más que un juego de palabras para definirlos como GEstores de FElicidad (ya. Algo digno de Mr. Wonderful). Me sorprendió que se proclamara como una novedad cuando yo lo viví en mis carnes hace ya muchos años. Imagino que puedo sentirme afortunado. Solo he tenido dos jefes en mi vida laboral (además de mí mismo) y nunca he tenido la sensación de ser una maquina al servicio de un cometido, que por lo visto es lo que suelen hacerte sentir los jefes con J. El primero de ellos fue mi padre (en serio: eso de ser ‘el hijo del jefe’ no es un camino de rosas como dice la leyenda) y el segundo, era más un gefe líder.

El muy cabrón tenía la habilidad de involucrarte en sus proyectos y hacer que los sintieras como propios. Así no es complicado que la gente se deje los cuernos por conseguir el objetivo marcado, y menos aún cuando en el equipo reina el buen ambiente. Y sí. Sabía gestionar la felicidad de la plantilla. Con él sabías que todo trabajo tenía una buena recompensa al final, o incluso podías disponer de parte de ella al comenzar.

Son tiempos que, a veces, se echan de menos. Luego recuerdo las jornadas de 16 horas programando antes de la liberación de un proyecto y se me pasa ;)

(Imagen de cabecera obra de Shayne Kaye)

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marctorrano

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