Esta es la historia de cómo Chiquito de la Calzada me ha hecho recordar el disco más curioso que conservo y cómo eso ha desencadenado que vuelva a recordar una maravillosa charla que el gran Bob Pop tuvo con Andreu Buenafuente. Te aviso: vienen curvas porque este artículo tiene pinta de ser un paseo por las conexiones cerebrales que puede hacer mi cerebro en cuestión de segundos.
Resulta que sigo desde hace tiempo una cuenta en Instagram que se dedica a generar vídeos con IA protagonizados por Chiquito de la Calzada (que el Dios lo tenga en la gloria de su madre). Aquí leemos pero no juzgamos, ¿OK? Pues resulta que ha hecho una especie de recap con recortes de vídeos que ha hecho durante el año que chiquitoverso lleva haciéndonos reír (insisto, leemos pero no juzgamos). Uno de esos recortes ha llamado mi atención porque no recordaba haber visto el vídeo, pero sí recordaba qué anuncio parodiaba: el del Renault Clio MTV. Si no sabes a qué me refiero seguro que esta palabra te despertará un recuerdo en el cerebro: ¡Gueropa!
Primer salto: el Renault Clio me ha hecho recordar un pequeño CD que, a pesar de las mudanzas que he hecho en mi vida y la cantidad de cosas que he perdido en ellas, sigue conmigo. Y es extraño porque es un CD promocional de 1990 que no conserva entera su cubierta de cartón. Me he puesto a escucharlo esta tarde. Tiene cuatro temas del disco «Descanso dominical» de Mecano. No sé… La sensación ha sido rara. Tenía muchas ganas de escuchar la canción «»Eungenio» Salvador Dalí» pero a mitad de tema me ha parecido que ha envejecido mal. Supongo que ya no me sorprende esa letra como lo hizo en su momento, o quizá he sido yo quien ha envejecido mal. Y cuando escuché la frase «que andamos justos de genios» mi cerebro ha dado de nuevo un salto.
¿Realmente andamos justos de genios? No lo creo. Probablemente lo que ocurre es que sea más complicado identificar la genialidad en estos tiempos en los que la creación artística y cultural es masiva. Tanto para lo bueno como para lo mediocre. Estamos en una sociedad digital en la que la apariencia prima sobre la autenticidad. La transgresión se penaliza porque en un mundo polarizado el sentido crítico brilla por su ausencia. Si algo me perturba, es malo. Si algo me reconforta, es bueno. Y no nos detenemos a analizar el porqué. Nos dejamos influenciar por todo lo que confirma nuestro sesgo. Las redes nos están desviando el punto de atención. El referente acaba siendo el contenido, no quien lo emite. Quizá, como decía Bob Pop en aquella maravillosa charla con Andreu Buenafuente, «es que hay demasiados influencers y muy pocos referentes».
