Escribiendo historias… con pausa

Asisto a un curso de escritura creativa cada lunes. En él, en una de las primeras sesiones, comentamos cuales eran los lugares en los que solíamos encontrar la inspiración. Yo expliqué cuál es mi atalaya personal desde la que observo para inventar historias.

No tiene que ocurrir nada especial. Tan solo es cuestión de poner toda tu atención sobre una persona durante el tiempo necesario para que surjan preguntas sobre su vida. Es entonces cuando uno empieza a hilar una historia en la cabeza.

Mis victimas suelen ser personas desconocidas. Es una costumbre que adquirido y que provoca después me sienta más libre a la hora de inventar tramas. Pero hoy todo se ha dado la vuelto. Hoy el blanco fueron personas conocidas, pero no porque yo lo buscara. Hoy ocurrió algo que provocó que mi atención se centrara en esas personas.

Y esto es solo un recordatorio para que, con el tiempo, pueda escribir la historia que ese momento se merece. Porque de hacerlo hoy sería muy evidente a quien estoy apuntando.

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