El color de la Puebla Vieja

El sol comienza a colarse por las rúas laredanas. Las piedras, con varios centenares de años en sus pupilas, observan como los locales de hostelería comienzan a sembrar la calle de terrazas al son de las campanadas que anuncian la misa de doce. La gente circula subiendo desde la Plaza de la Constitución, o llegando por la Cuesta del Infierno, bordeando la muralla medieval. Es domingo, y estamos en la Ruamayor.

No es el único síntoma de vida en el casco histórico. Flores y ropa tendida en los balcones, la apertura de una sala expositiva en una de las calles perpendiculares… y el colorido de las barras de pinchos y las copas. Pero también el del maquillaje que grupos de voluntarios han aplicado a los edificios, el ocre intenso que reboza las paredes trazadas con andamios o el verde que invade algunos solares abandonados.

La vida en el deterioro (im)parable de la Puebla Vieja.

(colaboración para la contraportada del suplemento Laredo-Asón de El Diario Montañés del 31/05/2015)

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marctorrano

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