La luna siempre fue la única confidente de sus secretos más íntimos; de aquellos que suelen acabar con el propio sabor salado en la comisura de los labios.

Se columpiaba bajo el sol de diciembre pensando, mientras rozaba la hierba recién cortada con la punta de los dedos de los pies, dónde quedó aquella niña que se columpiaba bajo el sol de diciembre y que soñaba con llegar a rozar, algún día, la hierba recién cortada con la punta de los dedos de los pies.

No oses leer mis poemas

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Descaro

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Palabras

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És el teu amor el que vull.
Lleugeres carícies dels teus dits a la meva pell
i petons suaus engalanant el meu cos

Sant Jordi

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