Miradas de 180º (I)

Abro Lightroom, busco imágenes de noviembre del año 2000 y me encuentro con una fotografía de mi piso en construcción. El que fue mi hogar durante unos años y la única cosa material que todavía me liga a Cataluña, ya que prácticamente todo lo vivido entre aquellas paredes se ha esfumado. También los chalecos, la perilla, y la cámara con la que hice estas fotos.

Mis recuerdos, Olympus D-450, allá donde estés.

Guía no oficial para crear una “acción poética” y así evitar desengaños

El fenómeno viral #AlbayAlex (ver enlace por si no sabes de que te estoy hablando) en el que Álex buscaba desesperadamente a Alba después de unos besos el jueves de la fiesta de la Mercé en Barcelona ha resultado ser una mentira. Un engaño. Hay mucha gente que sigue considerándolo un acto bonito y de hermosura poética porque ha hecho que todos creamos en el amor. Perfecto. Pero, ¿y a partir de hoy? ¿Cómo vamos a reaccionar cuando volvamos a ver algo similar? ¿Nos entrarán dudas y no colaboraremos? Aunque la mayoría sigue pensando que ha sido algo precioso, otros nos sentimos estafados con esta “acción poética”. Para evitar males posteriores, me he decidido a crear una guía (no oficial) de solo 3 puntos para todas aquellas personas que se decidan a llevar a cabo una acción de estas características.

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Corazones que nunca estarán solos

Bendita adolescencia cuando se vive en primera persona. Hace ya más de media vida que dejé atrás esa etapa, pero a pesar de eso recuerdo aquellos desórdenes hormonales con claridad. Y añoranza. A los 16 uno empezaba a perder la noción del tiempo admirando los rizos de la compañera que se sentaba a tu lado. Los perfumes femeninos dejaban de ser molestos al olfato y provocaban una extraña combinación al mezclarse en el torrente sanguíneo. Una mirada, y el pecho se contraía. Los pulmones decidían dejar de moverse y el corazón golpeba más rápido pidiendo espacio. Y entonces, apareció Quevedo.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.

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Balance emocional del #SantanderSW 2015

Habíamos quedado en que lo emocional deja huella y genera engagement, ¿verdad? Pues esto, sumado a que en la edición de este año ha habido miradas, palabras y situaciones que me han llegado a la patata, he decidido que mi resumen personal del #SantanderSW sea más emotivo que técnico (este ya lo publicaré en el blog de espacio3cowork). Y es que me da la impresión que este año (me) va a cambiar las cosas.

Así pues, ¿que ha provocado en mí la edición 2015 del Santander Social Weekend?

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Éx-odo

Hace poco tiempo volví a saber de mis ex-no-sobrinos. Ya… es una terminología un tanto extraña. Cosas de las relaciones, de las ex-parejas y de todo lo que las rodea. Sabía que era cuestión de tiempo y que, tarde o temprano, uno de los dos se crearía un perfil en alguna red social, aparecería el enlace al buscar su nombre en Google y se haría amigo/a de su tía. Y así ocurrió.

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La sensación de no sentir

Hará cosa de un mes descubrí el “Viajando con Chester” en el que Risto Mejide entrevistaba a Enhamed Enhamed, nadador paralímpico (al final del artículo la tienes) ganador de 4 medallas en los juegos de Beijing. En ella hablan de cómo es la vida de un deportista de élite, de la diferencia entre lo que se paga por una medalla olímpica y una paralímpica… y, obviamente, de la ceguera de Enhamed.

Hay un momento en el que Risto le pregunta qué le respondería si le ofreciera volver a ver. Enhamed, ciego desde los 9 años, duda y lo razona explicando que él está bien como está. Que le gustaría ver ciertas cosas que le describen, como pueden ser cuadros o secuencias de algunas películas. Pero que para su vida diaria no recuperaría la visión. Es más, califica su ceguera como un gran don. Risto alucina. Y tú, que estás leyendo esto, puede que no des crédito. Pero yo le creo. Desde mi condición de discapacitado, suscribo al 100% las palabras de Enhamed.

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Marc OSXX 4.0 uploaded

Me propuse no hacer balance de 2014 y mirar atrás mi década de los 30 cuando llegara el momento de cambiar de decena. Es el momento de ver cómo se comportó el sistema operativo en su versión 3.X al pasar al nuevo 4.0.

Vaya unos 10 años… no es que haya vivido de todo en ese tiempo, pero lo que es innegable es que he vivido mucho: me he separado, he aprendido que se puede odiar a alguien, trabajé para una gran compañía que no estuvo a la altura de nuestro grupo de trabajo, me he enamorado hasta la médula, el cáncer de médula me arrebató ese amor, me volví a enamorar… Me fui de Catalunya para emprender una nueva aventura vital en Cantabria. Nuevas experiencias, nuevas amistades, nuevos roles personales y ocupaciones… y nuevas sensaciones.

Decía una amiga que a los 20 crees que sabes lo que quieres, a los 30 sabes lo que no quieres, y a los 40 empiezas a tener claro qué es lo que quieres. Y tengo la impresión de que es así. Que esta década es la que más voy a disfrutar.

O por lo menos, eso me dicen algunos cuarentones :)

La playa no es solo para verano

Estimado veraneante:

Te escribo esta carta para decirte que estás desaprovechando la Playa Salvé. Sí. Sí… Lo he visto. Sé que te acercas al arenal por la mañana y que paseas por la orilla cuando coincide con pleamar. Y también que la fiebre del running te ha hecho recorrer el paseo que la bordea innumerables veces. He comprobado que la ocupas estirándote al sol los días de cielo despepejado. Que te bañas en sus aguas, que te has sentado en sus dunas a contemplar la luna llena y que en ella has disfrutado de los espectáculos del Desembarco de Carlos V o de los fuegos artificiales de la Batalla de Flores. Y aún así, me reafirmo: no tienes ni puta idea de vivir La Salvé. ¿Sabes por qué? Porque la playa no es solo para el verano.

Porque cuando tú no estás, las olas se acercan a vernos para que las montemos. Porque las puestas de sol a media tarde tienen un color especial, y los paseos en soledad con bufanda y las manos en los bolsillos te acercan al mundo. Porque la playa cobra otro sentido con frío y sin sol. En la arena se corre, ya sea a bordo de un buggy tirado por una cometa, a lomos de un caballo o por tu propio pie. Tan pronto puede verse invadida por dos equipos de fútbol playero dispuestos a enfrentarse, como por una tropa de Papá Noeles decididos a realizar una travesía de Stand Up Paddle solidaria.

Así que ya sabes. No te conformes sólo con visitar la Salvé en verano. El resto del año tiene muchísimo más que ofrecerte.

El túnel de Laredo es mujer

Aquel día no pensabas salir y, de repente y sin saber muy bien cómo, te encontraste mirándola sin pestañear. Si alguien te hubiera preguntado por qué te fijaste en ella no habría obtenido respuesta. Es un misterio. A simple vista no destacaba, pero algo te decía que en su interior esconde un tesoro.

Adentrarse es complicado. El primer contacto es frío, con esa indiferencia que cala hasta los huesos. Es una mujer, y lo que quiere es que, a pesar de las dificultades, sigas avanzando y la descubras… aunque lo oculte. Aunque te envuelva en una oscuridad desorientadora y te abofetee gélidamente de vez en cuando. Si quieres, si aún crees que merece la pena adentrarse en su corazón, no debes perder ese punto de luz que te aguarda.

Sólo si eres paciente y perseverante obtendrás lo que deseas. Si consigues superar el miedo de lo desconocido podrás abrir las puertas de un corazón hermoso y radiante, pero también agresivo y feroz. Desde su balcón te traerá susurros desconocidos, vivencias inolvidables y te mostrará todos los colores que te ofrece la vida. Pero también debes tener claro que, con esa primera oleada de sensaciones, habrá comenzado a erosionar tu alma llevándose un trocito de ella cada vez que la visites.

Y es que el túnel de Laredo, y su mirador del Abra, te enamoran con cada uno de sus suspiros marinos.

tunel_mujer

¿Qué tiene el insomnio?

Estás rozando con tus manos el sueño profundo. Lo sientes. Lo palpas. Y cuando tienes en tus manos esa nube de algodón sobre la que descansarás el resto de la noche… aparece algo que te empuja y que hace que des con tu cuerpo en el colchón. Y ya está.

Ya puedes contar ovejas, darte un paseo, beber un vaso de leche caliente, adoptar mil y una posturas en la cama… que si te ocurre como a mí, nada va a hacer que Morfeo vuelva. Y lo que en otros tiempos podría ser una tortura oyendo el segundero del reloj de pared 3600 veces cada hora, con un móvil o una tablet a mano se hace mucho más llevadero.

Libros, webs, gente despierta al otro lado del Atlántico… todo un mundo, y nunca mejor dicho, que podemos meter cómodamente en nuestra cama y que nos distrae, o nos permite trabajar, en ese interminable tiempo de espera hasta que suena el despertador.

En mi caso, por lo menos, me ha servido para escribir el texto de hoy, que ya iba a faltar yo a la cita muy pronto. A ver si respirando concilio el sueño de nuevo :)