Wake me up before you go go – Wham! #day3

El día 3 del #30daysongchallenge me pide que comparta una canción que me recuerde al verano. Al leer el reto no me hizo falta pensar ni un segundo ya que el tema de Wham! apareció solo en mi mente: “Cuando escuches esta canción acuérdate de nosotros”, me dijo. Yo debía tener 10 años. Estábamos en Málaga, con familia de mi madre. Lo más curioso es que no recuerdo si era una mañana de verano la que escuché por primera vez Wake me up before you go go.

Recuerdo muy pocas cosas de aquel viaje, y menos todavía de la visita a aquella casa. No recuerdo las personas que estábamos allí, ni las caras ni el número. De hecho, ni siquiera mirando el par de fotos que tengo de aquel día resurge nada de mi memoria. En una de ellas aparezco con un videojuego blanco en las manos, y eso sí lo recuerdo perfectamente. Tenía dos botones de acción pero, en lugar de los típicos controles direccionales, solo había un deslizador que hacía girar la moto que controlabas a derecha o izquierda. Los botones eran para acelerar o frenar (aunque, ahora mismo, estoy dudando de sí los tenía).

De ese viaje por tierras andaluzas retengo muy cosas cosas en mi memoria. Una tarde comiendo polos, el descubrimiento de que hay gente que diseca mariposas, la imagen de un cerdo colgado por los pies en el patio de una casa, el contraste del calor de la calle con el fresco del interior de las casas… pero poco recuerdo de la gente. Supongo que a esas edades estás más por lo que te descubren las cosas en lugar de lo que pueden descubrirte las personas. Justo al contrario de lo que me ocurre ahora.

Volví a Andalucía como teenager pero en otro tipo de viaje: el de fin de curso con mis compañeros de EGB. De ahí sí recuerdo más la relación con mis compañeros. En especial con mi primera novia, a quien le pedí aligerar en nuestro primer paseo por la playa porque iba a empezar el partido de baloncesto de la eliminatoria entre Barça y Madrid. Lo sé… muy romántico todo. Pero soy de los que puede decir que he visto al Madrid jugar con 4 jugadores en pista, y eso compensa ;)

43 – Level 42 #day2

Probablemente este sea el tema de la lista del #30daySongChallenge más artificial. Y me explico. En principio el enunciado pide que escojas una canción que te guste con un número en el título. Me venían muchas a la cabeza: “Seven nation army”, “One”, “19 días y 500 noches”, “Nothing compares 2U”… bueno, vale. La última es un poco trampa. Pero claro… hoy cumplo 43 años y me he preguntado: “¿Hay algún tema que tenga ese número en el título y que me guste?”. Y sí. Lo hay. Y de un grupo que hace mucho tiempo que no escuchaba.

No tengo ningún disco de Level 42. De hecho, al encontrar este grupo en la búsqueda de temas no me ha venido a la cabeza ninguna canción de ellos, pero estaba seguro de haberlos escuchado. Y sí. Temas como “Lessons in love”, “Something about you”, y sobretodo “Running in the family” me han sonado muy familiares (valga la redundancia). Investigando un poco sobre el origen del nombre del grupo me ha resultado muy curioso que tuvieran muy claro que querían un número en el nombre, y que escogieron el número 42 por el protagonismo que tiene en la novela “Guía del autoestopista galáctico”. Un libro, por cierto, que tengo pendiente de leer desde hace un montón de años. ¿Ha sido casualidad haberme tropezado con Level 42, o una señal que me recuerda que tengo que leer más?

En cuanto al tema en sí… pues no me apasiona, la verdad. Aunque reconozco que el rollo funky me gusta mucho. Y el bajo. El sonido del bajo me fascina, sobretodo cuando adquiere protagonismo. ¿O no eres capaz de reconocer “Seven nation army” por el bajo del principio? ¿O “Another one bites the dust” de Queen? Come together, Give it away, Money, Mantra… y no. No incluyo nada de Motörhead porque lo de Lemy es otra cosa.

En fin… que me lío. Que 43 de Level 42 me parece una buena elección. Además, pocos temas habrá en la lista que sean instrumentales así que, definitivamente, merece estar aquí :)

She was a rainbow – The Rolling Stones #day1

Foto de Jon Tyson en Unsplash.

Este año no me he marcado ningún propósito para el nuevo año (al que me he empeñado en denominar 201∞). Solo he adquirido un compromiso conmigo mismo: dejar de abandonar cosas. O lo que es lo mismo, comprometerme con pocas cosas y llevarlas siempre hasta el final. Y de momento no voy mal porque acepté el reto de publicar 7 fotos en blanco y negro durante 7 días seguidos y lo he cumplido, con la dificultad autoimpuesta de que debían hacerse ese mismo día. Reto cumplido. Continue reading

Cuando un solo metro es un abismo insalvable

Otra vez es 3 de diciembre y de nuevo me veo obligado a escribir algo porque hoy se celebra el Día Internacional de la Discapacidad. Nadie me apunta con una pistola, ojo. Pero claro… como PVC (acrónimo de “Persona Visiblemente Cascada”) reivindicativa uno puede llegar a sentirse culpable si no escribe unas líneas sobre el tema. De sexo ya escribí el año pasado y, como no me gusta centrarme en las típicas barreras arquitectónicas, esta vez voy a relatar una experiencia reciente. De ayer mismo.

Vamos al contexto: cita con una chica que conocí en Tinder (un día tengo que hablar de las sorpresas que depara esta aplicación). Después de bastante tiempo conversando vía WhatsApp decidimos quedar ayer. La idea inicial de ir a comer a uno de mis sitios favoritos la descartamos (bueno… la descarté yo) porque, si ya de por si el acceso a la Puebla Vieja de Laredo es complicado, con el suelo mojado se convierte en deporte de riesgo para los usuarios de silla de ruedas. Después de sopesar varios planes decidimos ponérnoslo fácil: me desplazo hasta su casa, aparcamos en el aparcamiento de su comunidad para no acabar calados hasta los huesos en caso de que llueva, ya que extraer la silla de ruedas del maletero y sacar un cuerpo de 1,83m y más de 80 kilos de peso pues… como que tiene su trabajo y se tarda un poco en llevar a cabo.

Decidimos seguir poniéndonos las cosas muy fáciles. Nos quedamos en su casa. Me preguntó si me siento en el sofá o me quedo en la silla. Le explico que me quedo. Que nunca lo hago ya que suelen estar muy bajos y volver a la silla después sin piolets ni cuerdas de escalada es muy complicado. Le explico mi primera (y única) experiencia en casa con los sofás. Creo que no la acabé. Los temas se engarzan unos con otros y la conversación fluye. Acompaño a Laura (nombre ficticio) a la cocina mientras prepara un par de cafés. Volvemos al salón. Ella se sienta de nuevo en el sofá con las piernas cruzadas sobre el asiento. Yo, con la silla tocando la mesa y el sofá a un metro de ella. Lo más cerca que puedo.

La conversación continúa. Y las risas, la música y el buen rollo. Hablamos de sus aficiones, de las razones de mi mudanza a Cantabria, de las relaciones humanas, tanto de pareja como familiares, de amistades… y en ese punto Laura se deja llevar y habla de un caso concreto. Mientras evoluciona el relato veo que sus ojos comienzan a empañarse. Miro mis ruedas pegadas al sofá y a la mesa, el metro de distancia que nos separa, el infinito que adorna la cadena que le rodea el cuello, sus ojos y sus labios mientras pronuncia “Es que me emociono”.

La manera de encajar la falta de movilidad va por barrios, pero creo que todo el mundo, tarde o temprano, acaba por acostumbrarse a que no puede caminar, por ejemplo. El instinto rutinario de levantarse de un lugar para ir caminando a otro desaparece y deja paso a un nuevo mecanismo. Pero cuando una acción va acompañada de un componente emocional… ay. Eso es otra cosa. Ayer la cabeza necesitaba desplazar el 1,83m y los 80 kilos de peso solamente un metro, o incluso menos, para poder sentarme junto a Laura y abrazarla, pero era imposible. Pedirle que se moviera para que estuviera más cerca era tan antinatural como ineficiente, porque el abrazo con una rueda de por medio y un desnivel en altura es muy incómodo. Y pedirle a una desconocida que se siente en tus rodillas para poder abrazarla mejor suena al cuento de la Caperucita y el Lobo.

No creo que vaya a acostumbrarme nunca a quedarme con las ganas de estas cosas. Este es solo un ejemplo, pero podrían enumerarse cientos: chutar un balón cuando te viene de cara, tirarme al suelo y sentarme en la cama a jugar con mi sobrina, follar como te pide el cuerpo cuando uno está en un momento álgido de pasión, levantarse a separar a dos personas que están peleando, cerrar el puño cuando algo te da mucha rabia, mostrar una dirección alargando el dedo índice…

Dicen de los retrones que tenemos cambios de humor repentinos y creo que, quizá, tienen que ver con la dificultad de controlar estos impulsos. Así que si un día te mando a tomar por culo sin venir a cuento, no te lo tomes como algo personal. Es que estiy en uno de esos cambios de humor repentinos.

Bueno… a no ser que sea la tercera vez que te lo digo. Entonces ya… igual sí tiene un componente personal ;)

Iluminaciones

Hace cosa de un mes apareció por la oficina una mujer desesperada (no exagero) por encontrar un piso de alquiler para pasar las vacaciones de verano, y lo necesitaba para ese mismo día. Contextualicemos: mujer joven busca alojamiento para 2 familias el 1 de agosto en Laredo y de manera inmediata. Razón: el piso que habían contratado para pasar sus vacaciones tenía, según sus palabras, “una capa de mierda que no se había limpiado en años”. Se fue de la oficina desconsolada porque el agente inmobiliario que trabaja con nosotros no gestiona alquileres vacacionales, pero me comprometí a avisarla si encontraba algo. Y así lo hice, pero afortunadamente ella fue más rápida y pudo solucionar el problema.

Esta chica se va mañana, pero antes se ha acercado a traerme un detalle en agradecimiento por haberme preocupado. Tras una breve conversación en la que me ha explicado que han disfrutado del agosto, se ha despedido. Y ha sido entonces cuando me he dado cuenta de qué era el regalo: una cinta de la medida de la Virgen del Pilar.

Alguien que no me conoce de nada y a quien no conozco de nada me ha regalado esto #truestory

Una publicación compartida de Marc Torrano (@marctorrano) el

Mi primera reacción ha sido de total estupefacción. No la conozco de nada, y tampoco ella a mí. ¿Qué le impulsa a regalarme un símbolo religioso? Es una opción tan sumamente personal que incluso me lo he llegado a tomar como una ofensa. He llamado a una buena amiga y le he comentado la situación. A medida que leía la descripción de la cinta y su finalidad me iba enervando más y más, hasta el punto de no poder reprimirme. Si en mi perfil personal dejaba un mensaje aséptico, en el de Siéntate Conmigo he sido algo más vehemente porque he comenzado a imaginar las razones que pueden haberle impulsado a regalarme algo así.

Las horas han ido pasando y mis ánimos, calmándose. También ha habido algún feedback a mi publicación que me ha dado un punto de vista algo diferente y eso, sumado a que le he estado dando vueltas al asunto, me ha hecho concluir que:

  • No soy nadie para hacer hipótesis sobre las razones que ha llevado a esa persona a tener ese detalle en concreto conmigo
  • A veces nos empeñamos en ser rebuscado y encontrar “la trampa”. Lo importante no es el qué, sino el por qué. De haberme traído una croqueta líquida de jamón del Somera hubiera acertado de lleno y, al fin y al cabo, la intención es la misma: agradecerme que me preocupara por su situación
  • Que el mensaje compartido desde Siéntate Conmigo es pertinente y se va a quedar. Porque igual está pagando una justa por varios pecadores, pero es algo que avanzado el siglo XXI todavía nos encontramos: somos pobrecitos enfermos, aunque no lo seamos. Una lesión medular es algo definitivo e irreversible. No se puede curar. No sufro por rodar en lugar de caminar. Lo que hace sufrir son (y ahora no hablo por ella) las actitudes de ciertas personas con respecto a nuestro colectivo
  • Que ya vivo de forma positiva, pero no santificante (ni ganas, ciertamente)

Pero la cuestión es: ¿qué hace un ateo convencido con este regalo? A esa pregunta ha respondido el señor Merovingio en Matrix Reloaded con una de mis frases de cabecera.

Como les dije en su día, uno no escapa a la naturaleza del universo, ella les ha traído de nuevo ante mí, donde otros ven coincidencia, yo veo consecuencia. Donde otros ven casualidad, yo veo… Causalidad

La causalidad me decía que debía regalárselo a una persona, pero resulta que esa persona me dice que me hizo exactamente el mismo regalo hace casi un año. Y claro… conociendo mi memoria no puedo llevarle la contraria. Así que se quedará en el coche, junto al rosario. Sí… has leído bien. Mejor no preguntes.

Atentado contra las emociones y los recuerdos

Hace poco más de un año escribía que había desbloqueado el logro de luto permanente en redes sociales. Creía que ya había puesto suficientes lazos negros, había etiquetado ya todos los tuits con #prayForSomewhere necesarios para sentirme próximo a las personas víctimas de atentados y que, por lo tanto, ya no debía hacer nada para demostrar todo mi apoyo porque debería ser algo que viene de serie con todo ser humano. Además, esas acciones sirven más para darse palmaditas en la espalda a uno mismo delante de un espejo.

Y entonces llegó el atentado de ayer en mi Barcelona. Hablaba con mi hermana por teléfono y escuché la entrada de otra llamada. Al colgar, mi móvil me advirtió de la persona que intentó hablar conmigo y, sobre ese aviso, otro de la aplicación de Cadena Ser: “Atentado en Barcelona”. La llamo. Llamo a esa persona por la que te dejarías cortar los dedos de una mano y le pregunto qué pasa. Ella estaba allí. La visualizaba allí, hablando conmigo, explicándome lo que había visto y oído. Jodidas distancias estas que solo permiten abrazar con palabras y emoticonos a quienes quieres.

Después del impacto inicial sigo aturdido. Pienso en que no volveré a ver ese lugar con los mismo ojos. Recuerdo mi primera “hamburguesa de plástico” en el McDonalds de la calle Pelayo, las celebraciones de las victorias del Barça en Canaletes y los toques de un malabarista del balón en la parte alta de La Rambla, los quioscos, las floristerías, los pájaros en jaulas y los peces de colores vendidos en bolsas de plástico, los paseos, la Boqueria, las partidas de ajedrez en plena calle, los mimos, los caricaturistas… y Sant Jordi. No quiero ni imaginar lo que hubiera ocurrido si se les llega a pasar por la cabeza actuar ese día.

Y me ha venido a la mente la imagen que robé hace 8 años. La primera y única vez que fui a pasar Sant Jordi en el centro de Barcelona. El amor que vi en ese momento. Y me ha hecho pensar en las llamadas recibidas y hechas, y en esos primeros pensamientos que ponen en orden las prioridades emocionales.

Recuerdos del (antes de antes de antes de) ayer

Se dice que las emociones ayudan a fijar los conocimientos y que eso, lógicamente, facilita el aprendizaje. Es algo que, intuitivamente, ya sabíamos todos nosotros: siempre ha sido más sencillo estudiar aquellas asignaturas que nos gustaban.

Lo mismo pasa con los recuerdos, que se nos quedan fijados aquellos que más nos han impactado emocionalmente. Algo que actúa como un factor de aceleración de este proceso es la música. Quien más quien menos puede recordar qué música sonaba en momentos importantes se nuestras vidas, o al revés. Que al escuchar una melodía nos sobrevengan imágenes que creíamos ya desterradas completamente de nuestra memoria. De hecho, nos empeñamos en acompañar con una canción en concreto nuestra entrada como marido y mujer al convite del nuestra boda, escogemos los temas que formarán parte de nuestras listas de Spotify dependiendo de la actividad que vayamos a realizar…

Algunos de nosotros debemos tener mucho cuidado al sintonizar M80. Y es que escucharemos un tema, recordaremos aquel verano en que sonaba constantemebre en la radio y desde la emisora dirán que era un hit del 89. Y tú, gilipollas, empezarás a restar. 28 años ya…

Otro fijador de recuerdos, generador de emociones, es (o ha sido, para algunos) el fútbol. En 15 minutos jugará el Barça el partido de vuelta de los cuartos de final de Championbs contra la Juventus. Creo que fue ayer cuando en RAC1 se hablaba del zurdazo de Julio Alberto y del remate con la oreja de Archibald. Dos goles que dieron el pase a los culés en el ’86. Recuerdo las imágenes. No porque las haya visto en la tele en reportajes en los que se rememoren goles históricos, no. Recuerdo haber cantado esos goles en directo, delante de mi tele de 8 canales de casa; de las que tenían pulsadores. En la misma que también vi los penaltis contra el Steaua de Bucarest con aquel portero que parecía espantar abejas con los brazos.

Hace 31 años. Y ya me saben a recuerdos viejunos. Lo peor es que lo son.