El Faradio como excusa para decir que “yo soy yo… y mis bits”

Ayer comenzaron mis colaboraciones periódicas en El Faradio de la tarde. Un espacio, en principio quincenal, de unos cinco minutitos en el que daré consejos/ideas sobre el uso responsable de redes sociales y tecnología. Me hace mucha ilusión, fundamentalmente por dos razones:

  • porque mola formar parte del grupo de colaboradores de El Faradio (esto es así)
  • porque es una pequeña sección que tratará sobre tecnología privacidad en redes sociales dentro de un espacio reservado a Educación. Y eso es bien (y lo suyo).

Sinceramente, no estoy muy contento de mi intervención. Me puse muy nervioso porque vi que habíamos preparado un montón de cosas que no iban a poder entrar por falta de tiempo. Después, al reescucharlo, pensé: «Bah… no está tan mal. Y quizá se pueda sacar partido a todo lo que se queda por decir».

Así que he decidido ir publicando la preparación de todos esos programas en la red. La cuestión es: ¿Dónde? Este blog ha nacido más como un espacio de desahogo personal y no profesional. De hecho, mi vida profesional es un batiburrillo de roles que no sé muy bien cómo definir. Y como todo suele comenzar con alguna excusa, creo que esta colaboración es la ideal.

Así pues, doy por inaugurado oficialmente el blog yoymisbits.com. Que, si bien ya tiene alguna entrada, no había todavía ninguna pretensión para publicar en él de manera periódica. Ahora ya la hay.

¡Ah! Y aquí mi intervención en El Faradio de la tarde. Que aunque yo hablo en los últimos 5 minutos podéis escucharlo entero :)

Datos que dejé cruzados

Hace unos días andamos todos revolucionados con el tema de las nuevas condiciones de uso de WhatsApp y el hecho de que comparta la información de nuestra cuenta con Facebook. Los infoconspiranoicos nos sentíamos felices y contentos porque podíamos no aceptar esa condición y mantener así la poca privacidad que nos queda. Somos así de facilones. Leyendo la letra pequeña observamos que la información se sigue compartiendo aunque (supuestamente) no sea con fines publicitarios.

WhatsApp avisa que, aunque no sea con fines publicitarios, va a compartir la información de tu cuenta con Facebook. Los nuevos usuarios no podrán escoger.

WhatsApp avisa que, aunque no sea con fines publicitarios, va a compartir la información de tu cuenta con Facebook. Los nuevos usuarios no podrán escoger.

Todo esto viene porque en esas fechas mi navegador comenzó hacer cosas extrañas. Os cuento: tengo la aplicación oficial de WhatsApp mediante la cual puedo enviar y recibir mensajes en mi ordenador de escritorio. La cuestión es que comenzaron a aparecerme en pantalla algunas conversaciones con mis amistades cuando pasaba el ratón sobre algunos de los perfiles de Facebook en mi navegador. Curioso. ¿Un bug de la aplicación? ¿Casualidades? Si atendemos al mensaje de as condiciones de servicio sería algo perfectamente normal dado que esa información puede compartirse. Pero lo que es digno de un programa de Cuarto Milenio es que Mark Zuckerberg me recomendara hacerme amigo de mi ex.

No voy a explicar intimidades pero tal y como acabó la relación sería muy de extrañar que ella me haya seguido la pista en la red, al igual que yo no he buscado ningún tipo de información sobre ella. Su número de teléfono no está en mi agenda y dudo mucho que el mío aparezca en la suya así que… ¿de dónde c**o ha sacado Facebook esa relación entre nosotros?

Debo decir que somos ex desde 2006 y que Facebook empezó a esparcirse por España entre 2007 y 2008. Vivíamos en una población en la que ella no está desde que nos separamos (creo) y yo me largué a 700 kilómetros en 2010 así que… ¿cómo es esto posible? ¿Casualidad? NI DE COÑA. ¿Qué datos cruzan en Facebook? ¿Cómo puede haberse dado esta relación en sus bases de datos? Sé que estoy basando mis conclusiones en el supuesto de que ella no haya buscado nada de mí, y pondría mi mano en el fuego (la izquierda, para no arriesgarlo todo) de que así es. Entonces… ¿qué ha podido suceder?

Esto llegó en un momento en el que pensaba cambiar mi iPhone5 por un teléfono similar al de la imagen que encabeza el artículo (hablo en serio). Pero, visto lo visto, puede que ya sea tarde. ¿Estamos sometidos a un control más allá de lo que podemos imaginar? ¿Mi paranoia ha llegado a límites insospechados?

Así que creo que voy a rendirme al hecho de que hemos perdido por completo toda privacidad. Solo espero que los AirPods no lean la mente.

Pokemon Go: la revolución de jugar en la calle

Recuerdo cuando, de crío, quedaba con los amigos para jugar al balón debajo de casa (privilegios de vivir en un pseudo-pueblo en la Barcelona de los 80). Utilizábamos las columnas de los edificios como límites laterales de la portería y el larguero era una línea imaginaria. “¡Alta!”, gritábamos cuando la pelota, supuestamente, la sobrepasaba. Más de un adulto se llevó un balonazo. Y si no, una patada, o los usábamos de “escudos humanos” para regatear a nuestros adversarios. Hemos dado un poco por saco a la gente por la calle. Convivíamos todos sin mayores problemas.

Tambien he pasado mi época gamer encerrado en casa. Una consola Philips G7000 entró en mi casa seguida, un poco más tarde, de un Spectrum 48K acompañado de su lector de casete para cargar los juegos. Es uno de los privilegios que tenemos los nacidos en mi época. Los que sobrevivimos a los pantalones nevados: sabemos qué es pasarlo bien en la calle y delante de una pantalla.

Supongo que, debido a haber vivido esas día maneras de ocio infantil-adolescente-juvenil vemos con otros ojos la revolución que va a causar Pokemon Go, o la llegada de la realidad aumentada de manera masiva, al entretenimiento. Porque trae consigo la unión de los dos mundos. La tecnología incrustada en el ocio en la calle.

Nota: Si a estas alturas no sabes qué es Pokemon Go ni cómo funciona, te recomiendo que te veas este vídeo de Luzugames en el que explica su primera experiencia con el juego y se ve claramente su funcionamiento.

Cuando ocurre algo que puede cambiar nuestro comportamiento me hace mucha gracia escuchar a dos colectivos: a aquellos que promulgan que esta acción es obra del demonio (o algo parecido) y que acabará desnaturalizando la esencia del ser humano (¿¿??), y también aquellos que opinan sin tener ni idea y que además, lo hacen en programas de radio o televisión y se quedan tan anchos porque creen que sus propios argumentos son la verdad absoluta.

No diré el programa, pero hoy en una tertulia matinal he escuchado a alguien asegurando que los usuarios de Pokemon Go van a pagar dinero por jugar Garín porque, si no, no se puede sostener (como si años después de usarlos estuviéramos dejándonos los euros para usar los servicios de Google o las diferentes redes sociales que utilizamos). Hay gente que todavía no entiende que los tiempos, y lo que nos rodea, están cambiando.

Ortega y Gasset dijo que “yo soy yo, y mis circunstancias”. “Y mis bits“, añadiría muy probablemente en esta era digital y tecnológica.

De “tensiones emocionales no resueltas”

Vivimos tiempos complicados. No hablo del, al parecer, sempiterno tema de la crisis sino de los cambios que están provocando Internet y las redes sociales en nuestras relaciones. Ghosting, nomofobia o el va pong son trastornos o comportamientos asociados al uso de estas nuevas tecnologías, y debemos comenzar a lidiar con ello sin saber muy bien como ponerle freno.

Algo que no sé qué nombre técnico tiene es lo que yo llamo la “tensión emocional no resuelta”. Le he puesto ese nombre por analogía a la “tensión sexual no resuelta” que existe, por ejemplo, entre aquellos amigos de toda la vida que realmente quieren tema pero nunca se han atrevido a proponerlo porque “no vaya a ser que nos carguemos nuestra amistad”. Y así pasan la vida, mirándose de reojo y emparejándose con otras personas arrastrando eternamente esa duda. Seguro que a todos nos viene algún caso de algún amigo o conocido a la mente, ¿verdad? Porque estas cosas siempre les pasan a los demás; a nosotros.

A lo que iba. En estos tiempos en los que es fácil comenzar a relacionarte con alguien que hice a vientos, sino a miles de kilómetros de distancia, a medida que pasa el tiempo y aumenta la confianza empiezan a aparecer ganas de abrazar. Se explican confidencias, se comparten éxitos y fracasos pero siempre con la red como espacio de encuentro. Y se echa de menos el contacto, aunque nunca se haya tenido.

El absurdo es pedirle consejo a nuestros mayores porque, para ellos, esta situación es, cuanto menos, surrealista. Y eso que hablamos de amistad, porque si lo extrapolamos a una relación de pareja por Internet… la cosa ya se complica bastante. Así que estamos solos a no ser que se opte por un apoyo psicológico. (Nota: mejor que sea de un profesional del sector, o de amigos del “mundo real” preferentemente).

Aunque sea muy jodido estar sin poder abrazar a esas personas con las que compartes alegrías y tristezas, lo cierto es que nos involucramos y nos tiramos de cabeza. Personas que, con su día a día, hacen que te infiltres dentro de su familia (virtualmente) y acabes queriéndolos como (si formaran) parte de tu vida.

Por ellos, y por nosotros, habrá que pedir que se avance en las técnicas de teletransportación inmediata :)

El peligro de encontrarte conversaciones en la barra de un bar

Soy hombre de barra (me acabo de dar cuenta de lo mal que suena esa expresión en femenino. Micromachismos).

En fin… eso. Soy hombre de barra. Normalmente paso la hora del almuerzo en la oficina y a la hora del café, a pesar de tener una cafetera en el office, me escapo a mi bar de cabecera para tomar un solo, normalmente solo. Pero hace cosa de un mes mantuve una conversación con un habitual de esas horas, también en la barra.

El hombre en cuestión comenzó a explicarme que fue a Madrid hace muchos años porque recibió una oferta de empleo bastante interesante. Me lo quedé mirando con cara extraña porque el camarero nos acababa de ofrecer una tapa de lentejas (en el norte somos así) y no acababa yo de ver la relación del guiso con su trabajo. Él, como si nada, continuó el relato. La cuestión es que las condiciones laborales eran buenísimas, tanto de horario como de sueldo. Además, su mujer tendría también posibilidad de trabajar allí, o cerca (no lo recuerdo bien), con lo cual el asunto pintaba muy bien. La reunión se alargó así que decidieron dejar los tramites burocráticos para después de comer.

La pareja se fue a un restaurante cercano para celebrar ese cambio de rumbo en sus vidas. Cómo somos los españoles, ¿verdad? Todo lo festejamos en torno a una buena mesa. Él, hombre del norte hecho a los platos de cuchara, pidió un cocido madrileño del que comió muy poco. Una vez para probarlo, y una segunda para corroborar que, para él, ese guiso era incomible. Así que se levantó, se dirigió a su ex-nuevo puesto de trabajo y les comunicó que no iba a firmar el contrato porque no se come en ningún sitio como en casa, y que eso es algo insistituible en su vida.

Puede que la historia no sea cierta. Incluso puede que a quien la transcribe, el menda, se le haya ido un poco la mano exagerando algún detalle. Pero lo que es innegable es que, cuando salga a tomar el café a primera hora de la tarde, voy a dejarme de vez en cuando el móvil en la oficina para encontrarme on estas conversaciones de barra.

Mi por qué para usar listas en Twitter y conclusiones de #tendiendoacero y #refollowing

Hace unos meses decidí que quería empezar el año de manera ordenada. Es algo que, para mí, acostumbrado a vivir en un minicaos, va a requerir de cierto esfuerzo. Pero, oye, “impossible is nothing” que decía Adidas.

Una de las acciones que necesitaba llevar a cabo era ordenar mis seguidos en Twitter. Con el tiempo vas acumulando a mucha gente y, en ocasiones, el TimeLine se vuelve un gallinero. Para ello esta red social permite crear listas de usuarios, los sigas o no, y así poder clasificarlos por la característica que quieras. Estas listas podemos hacerlas públicas para compartirlas con todo el mundo, o privadas para uso y disfrute de uno mismo.

¿Por qué es una característica interesante?

Además de permitir que tengas la información las personas más o menos clasificada, Twitter también te permite saber las listas públicas que los usuarios han creado (sus intereses) y en qué listas han incluido a este usuario otras personas. Esta característica puede resultar muy útil ya que te permite ir tirando del hilo y encontrar perfiles interesantes que puede que hayamos pasado por alto, o que nunca hubiéramos descubierto investigando.

¿Y eso de #tendiendoacero y #refollowing?

Se me ocurrió que una buena manera de llevar el control de los perfiles que iba clasificando en listas era dejar de seguirlos (de ahí el #tendiendoacero). Hace tiempo era algo arriesgado porque ello impedía que otros usuarios te enviaran DMs (mensajes directos), pero desde hace ya varios meses es una característica que podemos habilitar a nuestro gusto.

Puse un mensaje en mi biografía de Twitter avisando de ello. Aún así, hubo personas que se sintieron molestas por el hecho que dejara de seguirlas. De otros recibí un unfollow automático y algunos comentaron públicamente que volverían a seguirme cuando volviera a hacerlo yo. Muy pocos casos en total, ciertamente.

Lo que sí me ha parecido muy interesante han sido las reacciones al #refollowing, al hecho de volver a seguir a todos los perfiles. Estas son algunas reflexiones:

  • No entiendo que algunas empresas, sobretodo cuando se dedican a la comunicación, tengan perfiles restringidos (de los que necesitas aprobar al seguidor para que vea tus tuits). ¿No les interesa que sea visible para todo el mundo lo que publican? Se me escapa la razón, de verdad.
  • Se siguen usando DMs automáticos para agradecer el follow. Y yo que creía que era una fase que ya estaba superada… Pues no. Y aunque haya casos en los que se personaliza el mensaje para dejar claro que se trata de un bot, lo cierto es que esas impersonalidades en una red social me sigue llamando la atención.
  • Hay gente majérrima en Twitter. O, por lo menos, entre la gente a la que sigo. Porque ya sabemos que no hay un solo Twitter, ¿verdad? Que mi Twitter no es el tuyo.

Y si esto va de compartir, ¿por qué no he hecho públicas mis listas?

Pues porque prefiero revisarlas bien antes de que estén disponibles para todo el mundo, aunque ya avisó que algunas seguirán siendo privadas. Porque, como dice un proverbio japonés…

Para tener éxito en la vida hay que cumplir dos cosas:

  1. No explicar nunca todo lo que sabes

Somos datos. Átomos, y datos

Es un misterio y Facebook no termina de desvelarlo. A todos nos ha pasado. De repente, un buen día, aparece en el Gente que puedes conocer la foto de una exnovia, o amigo, con los que hace años que no tienes ningún tipo de contacto. ¿Cómo sabe realmente Facebook que aquella persona puede resultar de tu interés?

Así comienza este artículo de El Confidencial y que recomiendo leer si aún crees que Facebook solo es una red social donde compartir fotos, frases de Paulo Coelho y alguna que otra indirecta a gente a la que le tienes manía. Recordemos que tenemos acceso a esa red soial desde un teléfono que llevamos en el bolsillo y que es capaz de enviar nuestra posición exacta. Un teléfono donde tenemos todos nuestros contactos (WhatsApp es propiedad de Facebook desde febrero de 2014, por si no lo sabías) y que guarda la ubicación de nuestras fotografías (por cierto: Instagram también es de Facebook). Cruzando todos esos datos, sumados a los que damos nosotros como puede ser los sitios en los que hemos trabajado, los centros educativos en los que hemos estudiado… ¿no es fácil cruzar datos y llegar a coincidencias? Por supuesto que sí.

Hace unos meses me sorprendió ver un mensaje en mi iPhone al entrar en el coche. Me decía que tardaría unos 13 minutos en llegar a casa. ¿Cómo sabe Apple que voy para allá? Pensé que es lo lógico. Día laborable, horario de cierre de oficina… Pero más curioso todavía resultó que otro día laborable me notificó que estaba a 35 minutos de casa de mi pareja. Y, ciertamente, acertó.

Nuestros patrones de comportamiento sumados a la cantidad de datos personales que damos a cambio de disfrutar ciertos servicios suponen un volumen de información brutal. La suministramos a unas empresas que, después, la venderán a los anunciantes de sus plataformas para que puedan obtener un mayor rendimiento en su publicidad.

Ya no somos sólo átomos. También datos. Y no los valoramos tanto como ellos.

Imagen: David Fincher: Portraying the social network icon, de Charis Tsevis

Después de Movember llega #dressember

Si metemos en una coctelera una chica de firmes convicciones, una causa justa y un hashtag tan acertado como atractivo, el resultado es una bomba. Estos tres elementos han hecho que dressember.org haya doblado el número de participantes y triplicara su recaudación en 2014 con respecto a 2013, primer año de la campaña. Pero… ¿qué es eso de #dressember?

Si Movember anima a los hombres a dejarse bigote durante el mes de noviembre para dar visibilidad y recaudar fondos para la lucha contra el cáncer de próstata y testicular, Dressember propone que las mujeres vistan todo ese mes con vestidos para recordarnos que miles (si no son millones) de mujeres en el mundo son víctimas del tráfico de personas y su explotación. Una iniciativa que, como indican en la web de Dressember Foundation, no deja de ser un “movimiento colaborativo que aprovecha la moda y la creatividad para devolver la dignidad a todas las mujeres”.

Dicen que los datos son fríos. Quizá sea por eso que se me pusieron los pelos de punta cuando escuché a Blythe Hill, impulsora de dressember.org, decir que 35 millones de personas están siendo esclavizadas en el mundo. El 50% niños. El 70% mujeres. Blythe siempre quiso hacer algo contra esta injusticia pero nunca encontraba a manera. Hasta que un día, por casualidad, decidió vestirse todo el es de diciembre con vestidos y a eso le llamó Dressember. Al año siguiente, algunas amigas se animaron a hacer lo mismo. Y al siguiente se sumaron amigas de sus amigas, y entonces pensó en aplicar el modelo de Movember para recaudar fondos y poder combatir el tráfico de personas y su explotación. En 2013 se juntaros 12.000 personas que recaudaron 165.000$. En 2014, 26.000 mujeres aportaron 462.000$ con la ayuda de sus donantes.

Fue Inma Ferragud quien me descubrió el año pasado esta iniciativa (así que si no sabes a quien apoyar/donar y con quien colaborar, te sugiero que le eches un vistazo a su perfil). Una causa que lamentablemente está de actualidad, casi constantemente, debido a los numerosos casos de violencia machista que se dan en España.

Además, en los últimos días he visto a mucha gente compartir el vídeo de una campaña noruega sobre violencia machista. Siento decir que los “Me gusta” no son suficientes. Debemos cambiar nuestra actitud y, si podemos, colaborar con iniciativas como esta porque, como bien dice Inma, “no involucrarse es una manera de involucrarse”.

¿Y si hubieran existido redes sociales en los 80’s?

¿Te lo imaginas? La verdad es que hubiera molado bastante. No sé cómo hubiera sido conectar a Internet con mi antiguo Spectrum 48K (aunque ahora podría hacerlo) ni la sensación de buscar en Google (aunque pueda simularse algo por el estilo) pero da vértigo sólo el pensar lo que hubiera hecho con toda la información de la que ahora disponemos. Y con redes sociales. Ay…

No considero que haya sido un compañero de clase cabrón, pero debo reconocer que alguna he liado. Fotografiar a Jorge saliendo de la ducha en el viaje de fin de curso, no es que fuera una gran idea. Y, claro. En aquel entonces había que llevar el carrete a revelar. A la otra punta de Barcelona, por si las moscas. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiera hecho la foto con un móvil y a la edad de 14 años? Quiero pensar que habría sido eliminada del carrete inmediatamente, pero estando de fiesta en la habitación con un par de energúmenos más… a saber.

¿Y a mis padres? ¿Les habría dado por subir fotos mías de cuando era pequeño? Puede que no… o puede que sí. Y al cumplir yo 14 años y tener perfil de Facebook, ¿me habrían etiquetado en ellas? ¿Cómo hubiera reaccionado yo? ¿Me habría hecho gracia ver toda mi infancia publicada en Internet? ¿Habrían etiquetado a los padres de mis amigos que aparecían en las fotos para que pudieran verlas? Y mis amigos, ¿se habrían etiquetado?

Entonces, los responsables de Recursos Humanos de las empresas a las que estoy enviando mi currículum, ¿a cuánta información personal mía podrían tener acceso? Verían toda mi vida: mi época escolar, cómo ha evolucionado mi vida familiar, mis círculos de amistades… Tendrían acceso a TODO.

Vuelvo a finales de 2015 y me doy cuenta de que eso no me ha ocurrido a mí, pero sí veo que les está pasando a muchos chicos y chicas de mi entorno. Y me entran escalofríos, la verdad.

Cuando las redes son algo más que un proyector de nosotros

Quería iniciar estos sábados sociales con algo positivo ameno, pero en un día como hoy es inevitable hablar sobre lo ocurrido anoche en París y sus consecuencias. Quería centrar la atención, concretamente, en dos etiquetas aparecidas en redes sociales con fines muy diferentes:

  • #PorteOuverte: creada en el mismo momento de los atentados por la sociedad parisina, esta etiqueta comenzó a ser usada por todas aquellas personas que, en el momento de los atentados, estuvieran en la calle y buscarán un lugar seguro donde ir. La idea era indicar que su casa tenía las puertas abiertas para acoger a todo aquel que se sintiera desprotegido.
  • #NotInMyName: esta etiqueta fue utilizada el año pasado como promoción de una campaña de Active Change Foundation con el propósito de recordar que ISIS no actúa por boca de todos los musulmanes. Ahora se ha recuperado con el mismo motivo: dejar claro al mundo que estos terroristan no atentan en su nombre.

Algo destacable también ha sido la activación de una utilidad que Facebook tiene para situaciones de emergencia. Si la red social, en el momento de los atentados, tenía constancia de que estabas en París, te lanzaba un mensaje dándote la posibilidad de decir que estás bien. Es un buen sistema para tranquilizar a familiares y amigos, ¿no crees? ;)