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Categoría: juntaletras

Cuestión de honor

—Como pille al hijoputa que decidió que mi cara podría definirse en estos momentos como un poema, le corto los huevos.

Álvaro, profesor de lengua del instituto, ni siquiera pudo hacer un conato de lo que sería el esbozo de una sonrisa sarcástica debido al dolor que le provocaba mover un solo músculo de la cara. Tenía el rostro completamente magullado. Los puntos de sutura no podían contener el permanente hilo de sangre que emanaba de su ceja derecha. Se veía en el espejo del ascensor con el ojo izquierdo entreabierto, ya que su compañero se declaró en huelga desde que la puntera de una bota militar impactó contra él. A pesar de los quejidos de sus ya vendadas costillas, intentaba adecentar un poco su aspecto metiéndose la camisa por dentro de los pantalones. Lo surrealista de la escena, esta vez sí, acabo provocándole una quejosa y leve risa. Intentaba pasar desapercibido delante de su mujer sacudiendo sus ropas para atravesar la puerta hecho un pincel. Un pincel con las cerdas empapadas en rojo y morado.

U mayúscula

Mi tesis doctoral la basé en la letra W. Desde bien pequeño me extrañó muchísimo que formara parte de nuestro abecedario cuando ninguna de las palabras que contenían esa letra era originariamente española. Descarté mucha de la información que recopilé por no estar bien documentada o por tener fuentes que no consideraba entonces fiables. Una de esas informaciones relataba una queja formal de la letra U ante el Alto Comisionado de las Letras Españolas. Su comparecencia ante los jueces no tenía desperdicio.

Descarat

Anava vestida tota de negre. Botes i jaqueta de cuir, pantalons texans estrets i un jersei també de color fosc. Tot i no ser posseïdora d’una gran bellesa, atreia la mirada dels homes que en aquell moment seien a las sala d’espera del doctor Grasset. Un cos primet i estilitzat, i la seva cabellera llarga i rossa cridaven l’atenció si l’observaves des del darrere. Però allò que realment els va deixar fascinats es veia a la cara. Un rostre lleugerament pigat i lliure absolutament de maquillatge, uns llavis rosats i carnosos i, sobretot, uns ulls enormes de color mel ben brillants.

Secrets de família

Els qui eren allà presents van quedar sorpresos en veure entrar al menjador i de la mà l’avi Miquel i en Lluc. I no tan sols perquè l’avi feia més o menys bona cara després d’estar-se dues setmanes agonitzant al llit, sinó pel fet que el nét portava penjant del coll la clau que l’avi sempre havia guardat tan gelosament.

Mentre el nen es dirigia a la llar de foc, la tremolosa mà dreta del patriarca allargà el retorçat dit índex i començà a comptar. Va deixar la Mabel, la seva dona, la última i mirant-la als ulls tan amorosament com sempre va dir: “i vuit”. I a ella, tot i l’enorme somriure que li dedicava el seu estimat marit, la va envair l’angoixa. Va recordar de sobte i claríssimament el dia abans de la seva boda. Quan ella el va veure sortir d’aquella botiga i li va preguntar. “Què has comprat?” i ell només va respondre: “Vuit”.

Inspiranoia

El hombre que encontró en la escritura su agujero de escape escribía esta mañana la tercera, y supuestamente última, entrega de un relato erótico. A la mitad, el nivel de detalle había sobrepasado el que él esperaba y, a su pesar, asumió que sería necesaria una cuarta parte. En ese momento ya intuyó que ella se estaba acercando; la sospecha se ratificó cuando, en pleno relato, apareció un tatuaje en la espalda desnuda del protagonista que a su amante le hizo atar algunos cabos. El relato erótico se acabó transformando en una especie de idea de mini-novela negra. Y eso indicaba que ella había vuelto.

El hombre que escribía aparcó el ya no-relato erótico para modificarlo después. En la cabeza tenía un trío de personajes entramando una historia de soledades compartidas y diferentes. A su vez, hacía acto de presencia la triste agonía de una lavadora reina que paría zánganos reparadores para no engendrar una nueva reina que la sustituya. En el rincón opuesto despertaba un boxeador venido a menos y su tortuosa historia personal. Dios … en esta ocasión no había forma de pararla. La musa, inspiración, duende, interconexión neuronal o lo que sea había llegado en tromba.

Cupido y Psique

1895, William Bouguereau, Le ravissement de Psyché

Dormí una larga siesta porque desde las 12 de la noche de hoy voy a estar con los ojos bien abiertos. Te aseguro que, como te vea, este año no te libras de una muerte segura. En cuanto vea uno solo de esos ricitos rubios, mi rifle te disparará a dar. Y te aviso: yo no llevo los ojos vendados.

Me has dado tanto por culo y me has hecho sufrir tanto que te lo mereces. He llegado a la conclusión de que generas en mí, y en el resto de tus víctimas, una gran mentira e ilusión. Y yo, por mi parte, no pienso darte más cancha. ¿Por qué lo haces? ¿Tanto te cuesta quitarte esa puñetera venda y asegurarte que tus flechas van a dar en los blancos adecuados? Porque disparando de esta manera sólo consigues que el número de miembros del club “Odiadores de Cupido” aumente. ¿No te das cuenta del dolor que ocasiona una ruptura?

Knocked out

Bajo la ducha, con el agua caliente cayendo sobre su golpeada cabeza, todo se ve diferente. En el calor del combate no hay dolor. Los músculos son de acero y la cara una roca que, aunque se agriete en ocasiones mostrando un hilo rojo de carácter humano, se mostrará impenetrable ante el contrincante. Las sensaciones desaparecen y el mundo no vuelve a girar hasta oír la campana que señala el final de la lucha.