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Categoría: juntaletras

Nunca será siempre

Si siempre te dices nunca, nunca será siempre

Sábado noche. De vuelta a casa, mientras conducía, su mente reproducía el momento en el que le dijo a Esther que la iba a querer siempre. Él creía que estaba siendo romántico al expresar de esa manera lo que sentía pero ella no se lo tomó nada bien. “No me digas eso”, respondió. No se contentó solo con esa réplica, sino que comenzó a explicarle el por qué de su contestación. Mario estaba ausente intentando localizar todas las piezas del castillo que ese vendaval acababa de llevarse por delante. “Tengo que encontrarlas”, pensaba mientras a Esther intentaba hacerle entender que esa frase no era más que una promesa al aire, un brindis al sol de los que tantas y tantas películas han enseñado a hacer. Esas frases rebotaban dentro del cráneo de Mario a la vez que intentaba diseñar nuevos planos para esta relación.

Corazas

No es necesario. Llega un momento en el que esta armadura tan pesada lo único que hace es sobrar. Aun sabiéndolo, la miras a ella de reojo para comprobar si también la lleva puesta porque no quieres ser el primero que se quede al descubierto. Entonces te acercas dando rodeos. Despacio, como si comenzaras uno de esos bailes de apareamiento en pleno vuelo. Ella te observa, desde el centro de tus trayectorias, controlando tus movimientos. Te acercas pausadamente, con cuidado, evitando dar un solo paso en falso. Es entonces cuando sucede lo inevitable.

La fuerza de atracción de los cuerpos es brutal. Tanto, como la de repulsión que ejercen sus armaduras. No quieren. El amor no es compatible con esta atracción pero, aun así, no desistes. Y es cuando, en un intento de robarle el

La Batalla de Flores no se olvida del Barrio de La Pesquera

43.404783, -3.429102

El Barrio de la Pesquera es uno de los protagonistas invisibles de la Batalla de Flores de Laredo. Pasear en esta época del año entre el Camino Derecha, Camino Izquierda y Camino Centro es todo un espectáculo, no solo de colorido, sino también de trabajo en equipo y sufrimiento.

El color de la Puebla Vieja

El sol comienza a colarse por las rúas laredanas. Las piedras, con varios centenares de años en sus pupilas, observan como los locales de hostelería comienzan a sembrar la calle de terrazas al son de las campanadas que anuncian la misa de doce. La gente circula subiendo desde la Plaza de la Constitución, o llegando por la Cuesta del Infierno, bordeando la muralla medieval. Es domingo, y estamos en la Ruamayor.

El sol espía

El sol se esconde tras el imponente ancla que preside la Plaza de los Pescadores para mirar por un agujerito todo lo que ocurre allí en las tardes de verano. Hace un momento ha podido ver cómo una equilibrista cayó al suelo mientras caminaba sobre un alambre. A pocos metros, un abuelo corre desesperado detrás de su nieta porque está empezando a coger demasiada velocidad sobre sus patines. Una pareja que pasea de la mano se sonríe divertida y en silencio se preguntan con la mirada: “¿Te imaginas a tu padre?”.