El sol espía

El sol se esconde tras el imponente ancla que preside la Plaza de los Pescadores para mirar por un agujerito todo lo que ocurre allí en las tardes de verano. Hace un momento ha podido ver cómo una equilibrista cayó al suelo mientras caminaba sobre un alambre. A pocos metros, un abuelo corre desesperado detrás de su nieta porque está empezando a coger demasiada velocidad sobre sus patines. Una pareja que pasea de la mano se sonríe divertida y en silencio se preguntan con la mirada: “¿Te imaginas a tu padre?”.

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“Aclavados”

Alguien pensó, en algún momento, que estaría bien colocar una jardinera fuera, en la pared, y plantar en ella un par de geranios que le dieran vida a ese muro de piedra gris, vieja y centenaria. O puede que de ese par de clavos colgara un cartel anunciando la proximidad de una panadería, un colmado, o la relación de platos de un menú del día. Qué sé yo… pero los imagino hace años con salud de hierro. Erguidos y musculosos a pesar de su rectitud.

Con la cabeza alta, en perpendicular a la pared, mirando a la cara a todo aquel que pasaba por la calle del Medio de la rúas laredanas desde hace… ¿20? ¿30? ¿60 años? Qué sé yo… No perdían la compostura. Día y noche, bajo tormentas de agua, nieve, granizo o jornadas de sol intenso, aguantaban estoicamente el peso de aquello que se les había encomendado. Era su cometido. Ni más, ni menos.

Un buen día alguien decidió retirar las jardineras. O quebró el negocio y llegó el momento de retirar el cartel… El hecho es que esos dos clavos se quedaron sin propósito y alguien no quiso, o no pudo, recogerlos de allí para darles un retiro digno. Juntarlos para unir el tablón de un banco a su pata, o formar parte del suelo de un hogar, o de su techo… qué sé yo. Acabar su vida realizando algo de provecho. Pero no.

Ese alguien decidió acabar con ellos de un martillazo seco, en la nuca. ¡Pam! Sin sangre. Sin lamentos. Sin un grito de dolor. Sus cabezas se volvieron hacia el suelo en un acto de sumisión a su destino: la nada más absoluta. De un golpe, acabados.

“Aclavados”

El risc de ser diferent

Estava ocult entre tota la multitud. Qui no era més alt que ell es quedava a la mateixa alçada i no era, de cap de les maneres, veure res de tot allò que l’envoltava. Estava rodejar de verd, verd, verd i més verd. Si mirava avall, el to marronós del terra. Si mirava amunt, el blau, ataronjat, gris, vermellós, blanc i la resta de tonalitats del cel era tot el que era capaç de percebre. Llavors va decidir créixer més ràpid que la resta. Continue reading

Cuestión de honor

—Como pille al hijoputa que decidió que mi cara podría definirse en estos momentos como un poema, le corto los huevos.

Álvaro, profesor de lengua del instituto, ni siquiera pudo hacer un conato de lo que sería el esbozo de una sonrisa sarcástica debido al dolor que le provocaba mover un solo músculo de la cara. Tenía el rostro completamente magullado. Los puntos de sutura no podían contener el permanente hilo de sangre que emanaba de su ceja derecha. Se veía en el espejo del ascensor con el ojo izquierdo entreabierto, ya que su compañero se declaró en huelga desde que la puntera de una bota militar impactó contra él. A pesar de los quejidos de sus ya vendadas costillas, intentaba adecentar un poco su aspecto metiéndose la camisa por dentro de los pantalones. Lo surrealista de la escena, esta vez sí, acabo provocándole una quejosa y leve risa. Intentaba pasar desapercibido delante de su mujer sacudiendo sus ropas para atravesar la puerta hecho un pincel. Un pincel con las cerdas empapadas en rojo y morado. Continue reading

U mayúscula

Mi tesis doctoral la basé en la letra W. Desde bien pequeño me extrañó muchísimo que formara parte de nuestro abecedario cuando ninguna de las palabras que contenían esa letra era originariamente española. Descarté mucha de la información que recopilé por no estar bien documentada o por tener fuentes que no consideraba entonces fiables. Una de esas informaciones relataba una queja formal de la letra U ante el Alto Comisionado de las Letras Españolas. Su comparecencia ante los jueces no tenía desperdicio. Continue reading

Descarat

Anava vestida tota de negre. Botes i jaqueta de cuir, pantalons texans estrets i un jersei també de color fosc. Tot i no ser posseïdora d’una gran bellesa, atreia la mirada dels homes que en aquell moment seien a las sala d’espera del doctor Grasset. Un cos primet i estilitzat, i la seva cabellera llarga i rossa cridaven l’atenció si l’observaves des del darrere. Però allò que realment els va deixar fascinats es veia a la cara. Un rostre lleugerament pigat i lliure absolutament de maquillatge, uns llavis rosats i carnosos i, sobretot, uns ulls enormes de color mel ben brillants. Continue reading

Secrets de família

Els qui eren allà presents van quedar sorpresos en veure entrar al menjador i de la mà l’avi Miquel i en Lluc. I no tan sols perquè l’avi feia més o menys bona cara després d’estar-se dues setmanes agonitzant al llit, sinó pel fet que el nét portava penjant del coll la clau que l’avi sempre havia guardat tan gelosament.

Mentre el nen es dirigia a la llar de foc, la tremolosa mà dreta del patriarca allargà el retorçat dit índex i començà a comptar. Va deixar la Mabel, la seva dona, la última i mirant-la als ulls tan amorosament com sempre va dir: “i vuit”. I a ella, tot i l’enorme somriure que li dedicava el seu estimat marit, la va envair l’angoixa. Va recordar de sobte i claríssimament el dia abans de la seva boda. Quan ella el va veure sortir d’aquella botiga i li va preguntar. “Què has comprat?” i ell només va respondre: “Vuit”. Continue reading