Disparos

Hans llegó a la mansión de Vinyrus después de una caminata de más de media hora. Rodeado de nieve y de un silencio gélido salpicado por el graznido de algunos cuervos, comenzó a examinar el exterior con cierto aire introspectivo. Tras un buen rato inmóvil delante de lo que hace años debió ser un lugar de referencia para la aristocracia rusa, suspiró y comenzó a preparar la sesión fotográfica con la que pretendía mostrar la hermosura de la decrepitud de la finca. Mientras montaba el trípode con las manos heladas para sacar la primera foto de la mansión de Vinyrus recordó el calor que le daba su taza de café solo 24 horas antes.

Estaban en la sala de reuniones de la redacción acabando la planificación de trabajo semanal. Dirigía la reunión Jürgen, su jefe, con su despotismo habitual restregando su superioridad a todos los redactores. Solo quedaba un único punto del orden del día por aclarar: saber cuál iba a ser el último trabajo de Hans para la revista.  Continue reading

Paso en falso

Alicia no supo cómo reaccionar. Su mitad sarcástica quería emitir una carcajada y aplaudir el buen gusto de la amante de su marido. Por contra, su lado emocional, el que valoraba sus 5 años de matrimonio, solo pensaba en estrangular esas ganas de reír y mandar a la mierda a Óscar. Después de que ella hubiera tenido un desliz con una compañera de trabajo en la cena de empresa propuso que era mejor pasar las vacaciones de Navidad por separado con la intención de calmar los ánimos y poder hablar las cosas con calma a la vuelta. Lo que Alicia no podía creer es que a su marido le faltara tiempo para devolverle la infidelidad. Respiró hondo, y esperó a que él saliera de la ducha para pedirle explicaciones.

—¿Me puedes decir qué hace ese zapato negro de tacón entre los míos?
—Tú sabrás —respondió Óscar con indiferencia mientras se secaba la cabeza con una toalla—. Yo no me pongo eso. Continue reading

Secuestro

Laura nunca se había caracterizado por su puntualidad pero cuando llevaba media hora esperándola empecé a preocuparme. Aunque la conozco y sé que debo añadir siempre 5 minutos a los 10 de cortesía cuando quedo con ella no pude evitar llegar con antelación a nuestra cita. Parecía importante. Me conoce y sabe que soy de esas personas que se organiza hasta las pausas del café, así que cuando me dijo este mediodía que quedáramos para comer supe que algo extraño estaba ocurriendo. No me destrozaría la agenda por una tontería.

— ¿Laura? ¿Dónde estás? Llevo aquí más de media hora y…
— Lo sé. ¿Recuerdas dónde nos reuníamos los cinco cuando éramos unos chavales?
— Sí, claro. En La…
— ¡No lo digas! Estaré allí en 40 minutos. Y ve con cuidado. Que no te siga nadie
— Pero… Continue reading