Bruixeta

El otoño es mi estación del año favorita. Para mí tiene mucho atractivo ese anuncio sutil de la llegada del frío, los cambios de colores y la nostalgia que desprenden la lluvia y las hojas secas. Supongo que la bajada de temperaturas de estos días y las nubes de hoy han provocado que le echara el guante a “L’habitació del fons” de Minimal21 para escucharlo entero.

No te extrañes si estás leyendo esto y no habías oído hablar de este grupo ni del disco. De hecho, creo que puedo contar con los dedos de una mano las personas que me siguen en redes y pueden identificarlo. Soy muy malo para definir estilos pero creo que su música podría definirse como electrónica y cantan mayoritariamente en catalán. A estas alturas puede que te estés preguntando: ¿y por qué me traes esto aquí?

La culpa la tienen el otoño y la nostalgia. A mí esas dos cosas combinadas, por mucho que me resista, me acaban inyectando un poco de tristeza en vena. Y experimentar esa sensación me ha hecho retrotraerme a una época en la que mi vida, como escribió mi amigo David un día, estaba enterrada bajo capas y más capas de perversa melancolía que intentaba desenterrar a paladas de creatividad. En ese momento yo estaba viviendo una historia de amor imposible y maravillosa con una chica que tenía una enfermedad en fase terminal. Es entonces cuando Núria, amiga de la infancia y cantante de Minimal21, se puso en contacto conmigo para decirme que estaban preparando un disco, que querían adaptar la letra de unos temas al catalán y que le apetecía que una de ellas la escribiera yo. Y así fue como Ensort se transformó en Bruixeta. De eso hace ya 17 años.

«Anhels ocults.
Dos amants contracorrent.
Un món injust
que ara ens diu que no hi ha temps.»

No estaba obligado a traducir ni adaptar la letra del inglés al catalán, con lo cual tenía libertad creativa absoluta. Era la oportunidad perfecta para hacer eterno algo que nos obligaron a vivir de manera fugaz. No voy a negar que el proceso fue bastante doloroso. También fue muy bonito y satisfactorio. Principalmente, porque a la protagonista de la canción le encantó la letra aunque nunca pudo escucharla. También sentí un pinchacito de orgullo al leer mi nombre en el libreto del CD, cuando asistí a la radio para la grabación del tema en acústico con trombón y violín, o cuando escuché el tema mezclado con “El sirviente” de Miki Puig, vocalista de Los Sencillos.

Qué tiempos… ojalá poder recuperar la vorágine creativa de aquella época. Pero con mucho menos dolor a ser posible.

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