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Amante

Aquel día no pensabas salir y, de repente y sin saber muy bien cómo, te encontraste mirándola sin pestañear. Si alguien te hubiera preguntado por qué te fijaste en ella no habría obtenido respuesta. Es un misterio. A simple vista no destacaba, pero algo te decía que en su interior escondía un tesoro.

Te acercas despacio, vigilante, como quien traspasa un cordón policial a sabiendas de que está cometiendo un delito. Sientes escalofríos. Ves una lucecita al final, promesa de algo maravilloso, que oscurece todo lo que hay alrededor. No ves nada más. No atiendes a nadie más que al destino y a su extraña manera de tirar de tus entrañas.

Cuando giras la vista y ves que ya no hay vuelta atrás, te dejas llevar. El frío te atrapa pero caminas hacia adelante con el deseo de llegar al final y ver qué te depara tu escapada furtiva. Salir de dudas. A lo hecho, pecho. Entonces abres por completo la puerta y…

Puede que no responda a tus expectativas, o que las supere por mucho. Si es lo primero, puedes intentar olvidarlo y hacer como si nada. Pero si es lo segundo, querrás repetir. Y ese túnel se volverá menos frío pero siempre oscuro. Y su final te mostrará paisajes hermosos, calmados, pasionales, cálidos, tormentosos… odiarás no disfrutar de su compañía como quisieras cuando su vida social no lo permita, y rozarás la felicidad cuando vuelva a ser solo para ti. Y siempre, siempre, será difícil enfrentarse a la realidad paralela de la rutina sin sentir su aroma de cerca.

Si alguna vez fuiste infiel sabes de lo que te hablo. Si alguna vez visitaste la Playa de la Soledad, también.

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