Vas a cambiar una ciudad grande por un pueblo. ¿Seguro que no vas a aburrirte o agobiarte? No te acabo de ver allí… Seguro que vuelves
Unas palabras parecidas a estas me dijo mi ex-jefe (o ex-compañero de trabajo) antes de cambiar los alrededores de Barcelona por Laredo hace poco más de dos años. En ese tiempo he gestionado parte de un restaurante, y ello me ha permitido conocer a muchísima gente. He tenido una vida social mucho más ajetreada que cuando vivía entre millones de personas, visitado el Parlamento de Cantabria (invitado a actos institucionales) en más ocasiones que mi antiguo Ayuntamiento y saludado a más conocido por la calle que en cualquier otro momento de mi vida.
Ahora me dispongo a abordar nuevos proyectos. Me embarco en nuevas iniciativas que espero que me dejen tiempo para retomar la buena y sana costumbre de escribir en mi blog (y también en este y este). ¿Aburrimiento? No. Como en un bar, y en la propia casa, en la vida siempre hay algo que hacer.